El hechizo del poder: la búsqueda de hombres providenciales
Pocos aspectos reflejan las paradojas de la democracia moderna como el ascenso de figuras como Gustavo Petro y Abelardo de la Espriella, cuyo poder proviene, en parte, de su extraordinario carisma político, capaz de hechizar masas. La importancia del ‘carisma político’ – un concepto vago y elusivo, a veces definido como magnetismo personal, como una cualidad inefable, como un je ne sais quoi que lleva a sus seguidores a atribuirles dotes excepcionales – sugiere que la imaginación política no ha sido del todo secularizada.
Las democracias son profundamente suspicaces de este carisma, ufanándose de estar cimentadas en leyes, contrapesos e instituciones. Paradójicamente, al mismo tiempo, persiste un anhelo por encontrar líderes magnéticos con supuestas cualidades sobrehumanas, capaces de unir comunidades divididas y de cambiar una sociedad con la sola fuerza de su personalidad y voluntad. Hemos testimoniado esta historia muchas veces.
¿Por qué la estamos repitiendo entonces en el siglo veintiuno?
Uno podría aducir que un líder carismático surge, como en el pasado, en medio de la crisis de representación de las élites y partidos políticos. Uno también podría invocar la desigualdad social o las crisis macroeconómicas profundas, que sumen a los países en una desesperada búsqueda por una resolución milagrosa.
Esta vez, quisiera sugerir una explicación histórica adicional. Me parece........
