Lecciones de un sabio sanmarquino de la Católica, por Jorge Bruce
El rector de la PUCP, el Dr. en Filosofía Julio del Valle, tuvo la extraordinaria iniciativa de invitar a dar el discurso de orden para inaugurar el año académico 2026, al psicoanalista sanmarquino Max Hernández. Podría limitarme a citar el brillante discurso de mi amigo y maestro, pero eso tendría dos inconvenientes: el espacio no alcanzaría y, sobre todo, sería desaprovechar la permanente exhortación al diálogo del también secretario del Acuerdo Nacional.
Max —permítanme esta familiaridad— no elude el titánico desafío que enfrentamos los peruanos, ahora que hemos atravesado el bicentenario de la fundación de nuestra república y se avecinan unas elecciones plagadas de incertidumbre y zozobra: “Tiempos disolventes, desconcertantes y violentos que parecen difuminar la idea misma del bien común. Tiempos de duelos no resueltos que no permiten velar ni enterrar a nuestros muertos, de discursos políticos y enfrentamientos culturales impregnados de lo que Richard Hofstadter llamó un estilo paranoide, intransigente y sectario que impide todo intercambio de ideas. Tiempos de enfrentamientos tribales y de pasiones punitivas.”
La lectura del párrafo citado haría pensar en un discurso apocalíptico. Nada más lejos de la propuesta del “viejo sanmarquino”, como él mismo se presenta. Más bien es análogo a lo que Kavafis invoca en su célebre poema Ítaca:........
