No hay lealtad en el cambio
Es casi un acto de deslealtad. Una ingratitud. Un complot involuntario que viene incluido en la obligación del cambio. Un cambio conlleva otras muchas transformaciones pequeñas, alteraciones detectables en daños colaterales.
Como cuando te nacen los primeros pelos en el sobaco. La responsabilidad de escoger un desodorante, usarlo y mantener un olor agradable y una higiene regular en un lugar con acceso complejo. Olor a vestuario. Olor a dignidad.
Sucede cuando te mudas. Que la lealtad suele quedarse por el camino. Que tienes que tejer de nuevo una red vecinal. Moldear otra vez la identidad.
Cambias de bar. Dejas de ver a la Inés cada día sentada en la terraza del Bali fumando el cigarrillo de las nueve de la mañana a dos........
