El placer de un ritual pausado
No necesito cruzar medio mundo para encontrar mi paraíso. Mi día de verano ideal empieza siempre en el mismo lugar: San Vicente do Mar. Hay destinos más exóticos, playas más lejanas y hoteles más espectaculares, pero ninguno consigue hacerme sentir en casa como este rincón de las Rías Baixas.
El mar está tranquilo, el olor a sal lo llena todo y el día parece prometer que aún queda mucho verano por delante.
El despertador suena a las ocho de la mañana. Todavía hace fresco y el paseo de madera que bordea la playa está casi vacío. Me calzo las zapatillas y bajo al piso de abajo, donde ya me espera mi padre. Tenemos un ritual innegociable: caminar deprisa, o al........
