El pasado 6 de abril, falleció Ernesto Gómez Cruz, el último de Los Caifanes y uno de los actores más prolíficos y entrañables de las pantallas mexicanas. Y digo entrañable porque en lo personal, en 27 años haciendo entrevistas a los más distintos personajes, Don Ernesto particularmente, me dejó una de las lecciones que más atesoro: la fuerza de la humildad.

Era el año 2006 y en el foro 3 de TV Azteca habíamos montado un set especial para recibirlo para Historias Engarzadas. Confieso que costó un poco de trabajo convencerlo, pues era tímido y no muy afecto a las entrevistas, menos las largas.

Pero llegó puntualísimo a la cita, sonreía nervioso mientras lo microfoneaban y como el actor disciplinadísimo que era, miraba a la productora atento, esperando alguna indicación, cuando en realidad, los que esperábamos sus órdenes éramos nosotros. Teníamos ahí sentado a uno de los más grandes talentos del cine mexicano.

“Yo quería ser extra de cine, ¿y sabe qué hacía?, me iba yo a Bellas Artes, en la época de ópera. Ahí contrataban chavos o chavas de extras, y yo fui con algunos compañeros a pedir trabajo. Ahí me daban 25 pesos la noche por extrear”, contó aquella tarde.

“Un día me encuentro a Sergio Jiménez y me dice: Te ando buscando porque fíjate que vamos a hacer una película y ya estoy en ella, pero falta un personaje y me acordé de ti”… Se trataba de la película Los Caifanes. A partir de ahí, para él sólo fue brillar frente a las cámaras.

Ernesto Gómez Cruz murió a los 90 años y me conmovió especialmente porque se fue siendo un espejo absoluto del precio de la vejez en México. Padecía demencia senil y otros problemas de salud, que terminaron por alejarlo de su mayor inyección de vida: los escenarios.

No murió solo, pero sí en el abandono social, una vez que dejó de estar frente a los reflectores, se fue a la banca del olvido y así pasó a formar parte de las duras estadísticas de los adultos mayores en México.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en el segundo trimestre de 2022, residían en México 17 millones 958 mil 707 personas de 60 años, lo que representa el 14 % de la población total del país.

La tasa de desempleo entre los adultos mayores alcanza el 67% y más del 50% de los que trabajan, lo hacen en la informalidad. El 36% de este grupo, encuentra su principal fuente de ingreso en la jubilación, pensión o algún programa de gobierno, que suelen destinar hasta en un 50% a gastos de alimentación y medicinas.

Sólo el 34.4% de los adultos mayores en México tienen un trabajo remunerado. El 16% recibe alguna ayuda económica de familiares; 6.5% obtiene recursos de alguien en el extranjero y el 3.8%, tiene ingresos por intereses bancarios o alquiler de alguna propiedad. Pero el 84% no cuenta con ayuda familiar.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación del 2022 expuso que 4 de cada 10 personas de la tercera edad han sufrido negación injustificada de sus derechos fundamentales, en los 5 años anteriores al análisis.

También se reveló que 4 de cada 10 adultos mayores sufrieron discriminación al intentar buscar empleo; 7 de cada 10 mujeres mayores fueron discriminadas por su edad y el 7.1% de las mujeres de este grupo han sido insultadas por su edad.

El mismo año 2022, el Consejo Mexicano de Geriatría reportó que solo había 841 médicos certificados en esa especialidad, por lo que haciendo cuentas, cada uno de ellos tendría que atender a más de 20 mil adultos mayores en todo el país.

Pero estos especialistas se encuentran concentrados principalmente en metrópolis como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, mientras hay áreas de la República que carecen por completo de algún servicio de atención geriátrica.

En México uno de cada 10 adultos mayores permanece solo en su hogar, y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM ha hecho una dura advertencia, pues estima que para 2025 serán 14 millones de mexicanos ancianos, los que vivan en condiciones de abandono.

Si tuviéramos tantita más consideración y conciencia de que ahí llegaremos todos, tarde o temprano, la atención a los adultos mayores sería un asunto del que nos ocupáramos todos desde nuestras distintas trincheras.

México es aún un país joven, por la edad promedio de su población (27 años), pero para el 2050 se calcula que cerca del 28% de los mexicanos tendrán más de 60 años, y si continuamos sembrando este nivel de indiferencia, el abandono y el olvido será la cosecha que mañana nos alcance a todos. “Como me ves, te verás”, dice el dicho…

QOSHE - El último Caifán, un espejo de la vejez mexicana - Mónica Garza
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El último Caifán, un espejo de la vejez mexicana

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13.04.2024

El pasado 6 de abril, falleció Ernesto Gómez Cruz, el último de Los Caifanes y uno de los actores más prolíficos y entrañables de las pantallas mexicanas. Y digo entrañable porque en lo personal, en 27 años haciendo entrevistas a los más distintos personajes, Don Ernesto particularmente, me dejó una de las lecciones que más atesoro: la fuerza de la humildad.

Era el año 2006 y en el foro 3 de TV Azteca habíamos montado un set especial para recibirlo para Historias Engarzadas. Confieso que costó un poco de trabajo convencerlo, pues era tímido y no muy afecto a las entrevistas, menos las largas.

Pero llegó puntualísimo a la cita, sonreía nervioso mientras lo microfoneaban y como el actor disciplinadísimo que era, miraba a la productora atento, esperando alguna indicación, cuando en realidad, los que esperábamos sus órdenes éramos nosotros. Teníamos ahí sentado a uno de los más grandes talentos del cine mexicano.

“Yo quería ser extra de cine, ¿y sabe qué hacía?, me iba yo a Bellas Artes, en la época de ópera. Ahí contrataban chavos o chavas de extras, y yo fui con algunos compañeros a pedir trabajo. Ahí me daban 25........

© La Razón


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