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Gustavito tenía un centavito

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Cientos de personas durante la concentración en apoyo de Venezuela y de celebración por la captura de Nicolás Maduro, en la Puerta del Sol, a 3 de enero de 2026, en Madrid (España). Se trata de un acto de apoyo al pueblo venezolano, celebración de la detención de Maduro tras el ataque de Estados Unidos y exigencia de libertad para presos políticos y cambio de régimen. / Diego Radamés / Europa Press

La primera vez que entró un libro en mi casa era de cuentos y se titulaba Gustavito tenía un centavito. Venía de Venezuela, claro, y lo enviaba mi tío Marcos García, que luego sería un cargo importante en la Colegial Bolivariana, la más importante de las editoriales venezolanas de aquellos tiempos.

Entonces yo apenas sabía leer, así que terminé de imponerme como lector más o menos adiestrado gracias a ese cuento que duró años en la muy breve estantería con la que adorné la casa. Jamás he olvidado aquel librito, igual que mantengo en mi memoria (y en mis estanterías de adolescente y de mayor) un libro que nos mandaron los suecos que vivieron en el barrio, junto a mi casa, cuando yo aun era analfabeto.

En este caso, el libro era la historia de una niña, Tamara, contada por su abuela. Tamara era la hija mayor de aquellos suecos, que todas las navidades nos enviaban estampas y cartas que mi madre respondía con una devoción que solo se tiene con los amigos inolvidables. Esos dos libros formaron parte de mi vida, y jamás los olvido. El libro venezolano lo leí muchas veces, como si me lo fuera a aprender de memoria, y ahora me viene al recuerdo por razones que están en la actualidad, en el estupor de la actualidad.

Entonces, y después, y hasta el momento, aquellos canarios del barrio (y de muchos barrios) que........

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