La costosa factura que cobra no cuidarse
Escribo esto horas antes de entrar, por primera vez en mi vida, a la sala de espera de Medicina Interna. A mis casi 33 años llevaba meses bromeando con la idea de “ya estoy viejo”, “es la edad”. La verdad es menos divertida: me descuidé mientras atendía todo lo demás. Prioricé lo visible -el trabajo, las entregas, las expectativas ajenas- y fui cediendo límites donde debí plantarme firme. Le dije que sí a varios encargos cuando debí decirme que sí a mí mismo.
Ahora pago: una factura en cuotas incómodas, con intereses diarios que se cobran en fatiga, en síntomas nuevos, en señales que tal vez estuvieron ahí desde antes, pero que yo decidí no escuchar.
Cuidar parece un verbo menor hasta que el cuerpo te recuerda que no lo es. Lo reducimos a prevención, o lo tratamos como hipocondría, cuando en........
