Venezuela: El botín de Yalta 2.0, por Luis Manuel Aguana
Debo confesar que nunca había tenido tanta cantidad de sentimientos encontrados en relación con lo que está pasando en Venezuela. Es una mezcla rara de alegría, sorpresa, indignación, frustración, esperanza, expectativas, rabia y, finalmente, aceptación, por algo de lo que todos en este país somos responsables de una manera u otra. El país se hizo inviable para todo el mundo, propios y extraños, al punto que los extraños, al ver que sería imposible que se pudiera alcanzar el orden y eliminar la amenaza que significábamos para ellos, y la situación los afectara, decidieron actuar por encima de nuestra autodeterminación, por encima de lo que los venezolanos decidimos soberanamente el 28J-2024.
Como sociedad enferma, fuimos responsables por la llegada de un golpista al poder en 1998. Fuimos responsables como país de la aprobación de una nueva Constitución en 1999 que atropelló y centralizó el poder en una sola persona, sin control alguno de los demás poderes públicos del Estado. Fuimos responsables. Me siento aludido como venezolano, como el propio muchacho regañado que no supo cómo hacer su trabajo y se lo quitaron por la fuerza para enseñarle cómo se hace. Algunos estarán muy contentos por lo que ha sucedido, pero lo que realmente significa en el fondo es el completo fracaso de una sociedad que generó demonios amenazantes para el resto del mundo.
Y uno tiene que preguntarse primero por qué es así. Es así porque la gente que desgobierna desde hace 27 años no vino del espacio exterior ni de otro país; es lo peor de la misma gente que gobernó al país por 40 años hasta 1998 y fueron responsables directos de la aparición de un fenómeno como Chávez. En la medida en que los verdaderos liderazgos de 1958 se fueron extinguiendo, fueron tomando el control del país con su más genuina creación. Hugo Chávez Frías.
Los venezolanos por fin llegamos al extremo de la Fábula de Esopo, “Las Ranas pidiendo Rey” que describí hace muchos años: Aún estamos sintiendo lo que deseamos como país en 1998, a alguien que pusiera orden. Pareciera que todos los venezolanos fuimos a pedírselo juntos en cola al dios Júpiter de la fábula. Y nuestra suplica fue concedida cuando nos llegó alguien que se está comiendo a las ranas en el más absoluto desorden. Pero este país merece algo más que el lapidario designio de Júpiter acerca del reinado eterno de ese rey (ver Fabulas de Esopo en http://ticsddhh.blogspot.com/2012/03/fabulas-de-esopo.html).
Me siento en la obligación moral y política de ser consistente, luego de más de 12 años de haber escrito lo anterior, al no unirme al “coro de ranas” (con perdón de la expresión, que no es mía sino de la fábula y que uso solo por motivos explicativos) que todavía le piden orden al “dios Júpiter”, y este nos envió un depredador, y que luego, como depredador que es, terminará comiéndoselas a todas una por una. ¿Nos encontramos ahora en esa situación? Hagan una visión introspectiva y cada cual respóndase a sí mismo.
La vorágine de los acontecimientos posteriores al 3 de enero apunta a que los venezolanos de los dos bandos perdimos totalmente el control de lo que sucederá en el país, porque EEUU........
