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Desescombro y resurrección, por Dayana Cristina Duzoglou

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thursday

«Algún día será verdad. El progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá derrotada.» Rómulo Gallegos

Las naciones no se definen por la profundidad de sus caídas, sino por la rapidez con la que logran levantarse. La historia está llena de casos que contradicen la idea de que el derrumbe es definitivo. Países reducidos a ruinas materiales, con instituciones destruidas y sociedades fracturadas, lograron volver a crecer en pocos años cuando tomaron decisiones claras, restauraron reglas básicas y dejaron espacio para que el trabajo, la inversión y la iniciativa privada generaran sus propios incentivos de crecimiento.

Venezuela vive hoy un momento especialmente difícil. Se enfrenta al impacto de un desastre natural y, al mismo tiempo, a las secuelas de décadas de mala gestión, corrupción, controles excesivos y deterioro institucional que han debilitado al país y erosionado la confianza.

Sin embargo, la historia deja una lección constante: las naciones no desaparecen por sus crisis; avanzan o se estancan según las decisiones que se tomen en los momentos más críticos.

Por lo tanto, la reconstrucción no se concreta con discursos vacíos y promesas que no se cumplirán. Se concreta con reglas del juego claras y permanentes, además de decisiones que devuelvan confianza y permitan que la economía vuelva a funcionar.

Confianza

Ninguna economía funciona si la ley depende de quién tiene el poder. Sin instituciones creíbles no hay inversión, ni producción, ni futuro posible.

Lo primero que necesita un país que quiere volver a levantarse es un sistema donde la justicia actúe con independencia, donde el Estado no sea juez y parte, y donde las normas se cumplan de manera estable.

También es clave devolver protagonismo a las regiones. Cuando todo se decide desde un solo centro, las........

© La Patilla