Apuntes para la mesa: ¿Cuándo no hay democracia?, por Soledad Morillo Belloso
La ausencia de democracia no es un concepto: es un olor. Un tufo a encierro, a metal caliente, a puerta que se cierra por dentro. Es el momento exacto en que el poder deja de fingir decencia y se quita la máscara con la tranquilidad de quien sabe que nada ni nadie puede detenerlo. Allí empieza la ferocidad: cuando el Estado ya no administra, devora. Cuando el Estado de Derecho se vuelve Estado de Deshecho.
No hay democracia cuando el gobernante se habitúa a escuchar solo su propia respiración. Cuando el país se convierte en un cuarto sin ventanas y la gente aprende a caminar pegada a las paredes para no llamar la atención. Cuando la ley es un cuchillo y el juez, su portador. Cuando el parlamento es un coro domesticado que aplaude por reflejo, como los cachorros complacientes que mueven la cola a cambio de un trozo de comida.
La democracia muere cuando el poder descubre el obsceno placer de la impunidad. Cuando descubre que puede encarcelar, exiliar, arruinar, humillar, sin pagar costo alguno. Cuando la policía deja de ser institución y se vuelve brazo ejecutor de caprichos malsanos. Cuando el ciudadano se convierte en súbdito y el súbdito en sospechoso. Cuando el miedo se instala en la garganta como una espina que no se puede tragar.
No hay democracia cuando el voto es una farsa, una liturgia sacrílega en la........
