Más exigencia, menos postureo educativo
Estudiantes en un aula
Hay una idea que se repite cada vez con más frecuencia en educación y que, cuanto más se escucha, más parece que desplaza a lo esencial. La escuela, dicen, debe hacer felices a los alumnos. Debe formar personas resilientes, motivadas, emocionalmente equilibradas. Todo eso suena bien. Nadie podría estar en contra. El problema es cuando eso sustituye a lo que realmente define a la educación.
Porque la escuela no es un espacio neutro. No es un lugar al que se va simplemente a "crecer" en un sentido difuso. Es, o debería ser, el sitio donde se accede a conocimientos que de otra manera serían muy difíciles de adquirir. Matemáticas, lengua, historia, ciencia. Contenidos exigentes, a veces incómodos, que requieren esfuerzo, atención y tiempo. Y eso no es negociable.
Desde un punto de vista casi físico, aprender implica trabajo. El cerebro no incorpora información compleja sin coste. Estudiar, comprender, equivocarse, volver........
