El borrador del IRPF no se firma, se revisa
Archivo - Imagen de recurso de una persona que hace la declaración de la renta en un ordenador. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo
El pasado 8 de abril arrancó la campaña del IRPF correspondiente al ejercicio 2025. Como cada año, vuelve ese momento que mezcla prisa, incertidumbre y, en muchos casos, una expectativa casi festiva. No es casualidad. Una parte muy significativa de los contribuyentes espera una devolución, lo que convierte la declaración en algo parecido a un ajuste de cuentas favorable tras meses de retenciones.
Ahora bien, conviene detenerse un instante y mirar el conjunto con algo de perspectiva. Que la declaración resulte a devolver no implica que el sistema sea especialmente benévolo. En la mayoría de los casos, lo que se produce es una regularización de cantidades que se han ido adelantando a lo largo del año. Ni premio ni regalo, simplemente un ajuste. Mientras tanto, la recaudación sigue creciendo de forma sostenida. La inflación empuja los precios al alza, el consumo se encarece y, con ello, también lo hace la recaudación fiscal. Es una realidad silenciosa, pero constante.
En ese escenario, la campaña de la renta se mueve entre dos impulsos que conviven sin terminar de resolverse. Por un lado, la lógica satisfacción de recuperar liquidez. Por otro, la obligación de cumplir correctamente con el sistema tributario. Entre ambos planos se cuela la idea, que a menudo pasa desapercibida, de que la declaración no es un trámite automático que pueda despacharse sin atención.
Este año, además, introduce novedades que merecen ser tenidas en cuenta. Se amplía la exención........
