"Trumpazos" contra el derecho y la economía
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Israeli Prime Minister apai
Nadie podía sospechar que el mundo iba a estar como está solo un año y pico después de la toma de posesión de Trump como presidente de la nación más poderosa y rica del planeta. Pero el sheriff de la Casa Blanca parece que no sabe poner freno a sus delirios de dominio y supremacía. Se ve que la no concesión del premio Nobel de la Paz se le ha indigestado y ahora busca el Nobel de la Guerra. De hecho, una de sus primeras decisiones fue cambiar el nombre del Ministerio de Defensa por el de Ministerio de la Guerra. Aquello auguraba problemones y así ha sido. Sin embargo, ni los mayores expertos en Trump, delirios de grandeza y mentes dictatoriales podían esperar algo como lo que está sucediendo en Irán y el Golfo Pérsico. Ni que sus consecuencias pudieran alcanzar a la economía mundial y obligar a las autoridades a temblar ante el retroceso económico, la caída del empleo, la inflación, la carestía de la vida y unas cuantas plagas más a las que ya estamos, todos, eh, todos, abocados.
¿Hasta dónde llegarán la ofensiva de Trump y Netanyahu y la respuesta bélica de Irán? Leo que algunos países de la zona temen quedarse sin agua potable ante la destrucción por los drones y misiles persas de varias plantas desalinizadoras. Y esto en zonas desérticas es más que grave. No valen ni los dineros, ni las riquezas, ni los barriles de crudo. El agua es el agua. Y leo también que Trump prevé mandar a los territorios en liza 5.000 marines más y otros cuantos barcos y aviones. Y que va a pedir al Congreso unos 200.000 millones de dólares para continuar con su aventura petrolera. Da pavor pensar en el número de muertos que van a producirse y en los costes económicos, energéticos y de toda índole que acarreará una guerra lanzada por USA e Israel vulnerando el derecho y todas las leyes internacionales. Volvemos a la pura y dura ley de la selva que parecía erradicada en el occidente civilizado.
Mientras tanto, aquí, afectados también, y mucho, por lo que ocurre en Oriente Próximo, empezamos a darle vueltas a la formación del gobierno regional. A mi juicio, son ganas de enredar más de lo recomendable en unas negociaciones que solo pueden tener un final: pacto de coalición PP-Vox, es decir lo mismo que en el 2022, aunque aquello únicamente duró dos años. A la vista de los resultados del domingo pasado, confirmados por el voto de los castellano-leoneses ausentes, ¿cabe otra salida, máxime cuando don Alfonso ya ha dicho varias veces que con el PSOE ni a heredar? No hay más alternativa que el acuerdo Mañueco-Pollán con Feijóo y Abascal de muñidores y vigilantes.
Y, además, ese pacto tendría que firmarse cuanto antes. Creo que no está nuestra tierra para aguantar meses y meses un gobierno provisional sin capacidad para tomar decisiones o para poner en marcha planes y soluciones. Y tampoco tiene que estar sometido al albur de estrategias gestadas lejos o de intereses partidistas como esperar a los comicios andaluces o a que se resuelvan los ejecutivos de Extremadura y de Aragón. No parece muy lógico que un encontronazo en Mérida o Zaragoza repercuta, influya o paralice los contactos en Valladolid, aunque nunca sabe; está la situación política, agresividad e insultos incluidos, como para hacer pronósticos fiables. Y ahí, en lo de los pronósticos, se produjo más de un patinazo en las encuestas y suposiciones sobre los resultados del 15-M. Verbigracia: hubo algunos, inocentes ellos, que dieron por sentado que los incendios de estos años iban a pasar factura el PP, pese a que ya no estuviera en las listas el consejero Suárez-Quiñones. Pues, no. A más llamas, más votos. Miren, si no, Molezuelas de la Carballeda, Ayoó de Vidriales y varios pueblos más. Ni el propio Trump se explicaría esta contradicción, pero el baranda americano anda a otras cosas, que dañan ya más a nuestras vidas, incluidas las de los de Molezuelas y Ayoó. Esto lo arregla Vox. Y pronto. Ya verán, ya.
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