A 50 años del horror: Argentina 1976-1983
Bandera de Argentina / Pexels
El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas procedieron a la destitución de la presidenta de la República Argentina, María Estela (Isabel) Martínez de Hoz; el general Jorge Rafael Videla fue designado presidente de lo que pomposamente se denominó "Proceso de Reorganización Nacional".
Un golpe de estado protagonizado por los militares no era en manera alguna una novedad en la reciente historia del país; los antecedentes se remontaban a 1930 y en los años anteriores se había acelerado (1955, 1962, 1966). Sin embargo, lo ocurrido hace medio siglo constituyó, con diferencia, la más atroz de las dictaduras, hasta el punto de que a su fin el deterioro moral de los militares fue tal que aseguró la imposibilidad de un nuevo retorno.
La situación económica era difícil y desde la muerte del general Juan Domingo Perón el 1 de julio de 1974 progresivamente se había deteriorado; la debilidad de su sucesora era inocultable. Si a ello sumamos el accionar de organizaciones armadas y de una represión organizada en las sombras desde el gobierno (la Triple A), para la mayoría de la sociedad el sentimiento era de inquietud y temor. La solución institucional era una alternativa factible pero ya los militares contaban con apoyos civiles suficientes como para planear una intervención que cortara de raíz con el "desgobierno" y pusiera en marcha una política de saneamiento basada en los principios neoliberales; pero no hubo ni saneamiento ni neoliberalismo, solo un largo fracaso.
Sin embargo, muchos de los que se mostraban agobiados por la situación y clamaban por el retorno del "orden", jamás imaginaron que los militares pusieran en marcha un plan de exterminio que se basaba en el accionar irregular, la represión en buena medida indiscriminada, y sobre todo la "desaparición" de personas, la apropiación de niños y otras atrocidades de ese calibre.
El argumento de que se enfrentó una guerra, actualmente con defensores dentro del mismo gobierno, queda fácilmente descalificado: el accionar de organizaciones armadas existió en otros países sin que se recurriera en forma sistemática al "terrorismo de estado". Además, si bien durante algo menos de dos años se llevaron a cabo operaciones individuales espectaculares, a la altura de marzo de 1976 la principal organización (Montoneros) estaba diezmada, aislada de quienes en su momento le brindaron un cierto apoyo cuando surgió enfrentando a la dictadura de 1966-1973, y con sus principales dirigentes marchando hacia el exilio.
El fracaso económico y el creciente descontento de la sociedad llevó a los militares al demencial intento de recuperar popularidad y planear alguna forma de continuidad apelando tal vez al único elemento que realmente comparten los argentinos: las islas Malvinas. Las ocuparon el 2 de abril de 1982 con la consecuencia de una guerra vergonzosamente perdida frente al Reino Unido, y consiguiente aceleración, no sin dificultades, que condujo al retorno de la democracia a fines de 1983.
Si una enseñanza puede sacarse de tanto sufrimiento como sociedad, esta puede resumirse en dos palabras: nunca más.
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