¡Ojo al dato!
Atrás quedaron días de horarios cambiados, planes improvisados y noches sin prisa. Jornadas en las que la realidad parecía mirarse de otra manera, aunque los incendios, las desavenencias políticas y, sobre todo, el trágico asalto a Ceuta nos recordaban que desconectar es imposible. La gravedad de los asuntos no invitaba a mirar a otro lado. Pero, casi sin darnos cuenta, otro verano termina. Llegó la vuelta a la normalidad.
Recuerdo que, cuando tenía la edad que hoy tienen mis hijos, volver a casa era tristísimo. Habíamos pasado tres maravillosos meses en la playa, hasta llegar a olvidar cómo era Murcia.........
