De canas y fidelidades
Alberto Guillén Morga / Juan Ballester
Si hay algo a lo que los seres humanos somos fieles, más allá de banderas, ideologías o equipos de fútbol, es a nuestro peluquero. Esa fidelidad, silenciosa y obstinada, se vuelve casi sagrada cuando uno empieza a peinar canas y a exhibir, sin pudor ni remedio, cierta expansión de la corteza craneal. Entonces, cambiar de manos resulta tan arriesgado como cambiar de médico o de confesor. Y es que, el peluquero no solo nos corta el pelo, sino que, en cierta manera, también administra la dignidad, dosifica la nostalgia y disimula, con gracia, el paso........
