Justine: Mi honor es mi virtud
Ningún otro libro como este para poner una interrogación justo al final del luminoso camino de la Ilustración, de su insultante confianza en el género humano. Con su pretendida simpatía por la razón y por el progreso habían gestado, con toda fortaleza, un monumento a un tipo de superstición, a una clase de ignorancia todavía más poderosa y difícil de erradicar que las sombras que pensaban haber disipado. Sade ataca con saña la convicción........
