Hacer abdominales en una isla desierta
Padre Epstein, que estás en los cielos
Sábado 11. Difícil de mirar
Acabo de ver una película que me ha dejado fascinada y traumatizada: La hermanastra fea (2025). Es una versión moderna y sádica de La Cenicienta, centrada en los dramas de la poco agraciada hermanastra. El filme refleja de forma magistral la evolución de la protagonista, desde su candor inicial hasta una ambición despiadada (como el personaje de Emma Stone en La favorita) y recurre al terror corporal para escenificar su degradación física y moral (a lo Demi Moore en La sustancia). Creo que es una obra educativa de visionado obligatorio en colegios e institutos, aunque, por su contenido extremo y sangriento, no es apta para menores de 18. Con todo, habría que replantearse la calificación por edades, ya que las estadísticas señalan que los niños españoles comienzan a ver porno a la vez que hacen su Primera Comunión -8 añitos-.
Domingo 12. Terapia radical
A petición propia, mi dulce madre me compró el VHS de La Cenicienta a los 6 años. En aquella época, la directora y guionista de La hermanastra fea, Emilie Blichfeld, ni siquiera había nacido, pero habría estado bien conocer su antagónica obra. Cierto que determinadas escenas de la película (amputaciones, cirugías estéticas fallidas, trastornos alimentarios brutales) me habrían provocado horribles pesadillas, pero también me habrían ahorrado muchos problemas en la vida.
Lunes 13. La solitaria
La presión estética que sufrimos las mujeres adquiere en nuestros días dimensiones insólitas, debido a las redes sociales. El algoritmo actúa como una tenia que nos enferma y debilita desde dentro, un parásito insaciable que se instala en nuestro organismo y va creciendo y alimentándose con cada clic y comparación. Hay que estar enferma (operarse, mutilarse, inyectarse y machacarse) para parecer saludable.
Martes 14. Libres y salvajes
Hoy, no nos operamos para seducir al príncipe (el amor romántico), sino que lo hacemos por ‘nosotras mismas’, lo cual resulta incluso más patológico, ya que, en cuestiones de imagen, no hay juicio más severo que el propio. ¿Someteríamos a nuestro cuerpo a tales aberraciones si viviésemos libres y salvajes en una isla desierta?
Padre Epstein, que estás en los cielos
Vivimos en un episodio de ‘South Park’. Lo grotesco, lo histriónico y el mal gusto se han normalizado por obra y gracia de nuestro líder supremo, Donald Trump. Su última ocurrencia: publicar en su red social una imagen generada por la IA en la que aparece encarnando al Hijo de Dios. Ante la indignación de su electorado, el presidente retiró la foto y alegó que representaba a ‘un médico’. El Papa y Giorgia Meloni le han cantado las cuarenta y han surgido voces discrepantes en el bloque global ultranacionalista. Algunos ven en la polémica una maniobra de distracción en plena crisis del estrecho de Ormuz. Otros apuntan a que la retirada de la imagen obedece al inquietante parecido del moribundo con Jeffrey Epstein. Caprichos de la IA. O no.
Miércoles 15. Eme punto
Siete de la mañana en Canarias. El informativo ofrece la última hora sobre el ‘caso Kitchen’. Declara un policía que asegura que los miembros de la trama se referían a Mariano Rajoy con los alias de ‘El Barbas’, ‘El Asturiano’ y ‘RAJ’. Mi compañero apura el café y dice distraído:
—Pues si no consiguieron descifrar el enigmático ‘M. Rajoy’, me temo que esta vez tampoco van a dar con la tecla.
La autodestrucción femenina es un tema poco estudiado, pero muy visible en todas las culturas: desde el vendado de pies en la antigua China al Ozempic. Lo trágico del lema «para presumir hay que sufrir» no es el dolor físico, sino la irreparable pérdida de tiempo y energía, dos bienes de valor incalculable que la obsesión por la imagen arroja por el sumidero.
Viernes 17. De cervezas
Yo: Rosalía ha dicho en un concierto que, si vas a casa de un ligue y ves que tiene las plantas medio muertas, «ahí no es». ¿A ti qué te echa para atrás en una casa ajena?
Él: Hombre, lo primero sería preguntarle a esa persona cuánto tiempo lleva viviendo allí, no vaya a ser que acabe de mudarse. Pero si no tiene nada interesante con lo que pudiera entretenerme cuatro horas seguidas, como libros o instrumentos musicales, me iría.
Yo: ¿Y al contrario? ¿Qué objetos son para ti una ‘red flag’?
Él: Pues mira, si la casa es muy pequeña y, aun así, tiene máquinas de hacer ejercicio, es muy mala señal. A mí me pasó: estuve en un mini piso en el que solo había un libro de autoayuda y una máquina de hacer abdominales y pensé: este es el lugar más triste de la Tierra.
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