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Carta al director

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25.03.2026

Soy un polizón entre sus páginas, un elefante en la habitación / Muhammad Mahdi Karim

Muy estimado director del diario La Opinión de Murcia, señor don José Alberto Pardo:

Me dirijo a usted para exponerle una situación a la que no encuentro más salida de la que pueda abrirme su magnanimidad. Sucedió por estos tiempos, hace ya un año, que en El Tío Sentao, uno de los próceres de este periódico, don Ángel Montiel, me propuso enrolarme en sus filas. Yo acepté entonces, pero no se me puede achacar más responsabilidad que la imputable a un joven de 21 años, ebrio todavía de adolescencia, o al menos de resaca. Maldigo la hora, don director: ahora tengo que fingir que soy un tío culto para quedar bien con mis profesores, con algunos de los cuales comparto rotativo.

Yo soy un hombre muy primario y no tengo altura para ponerme tremendo, ¿me sigue? Además, sucede que me han colocado en la página tercera de cada miércoles. ¿No comprende usted el disparate en el que está sumiendo a sus lectores? Abre la edición del día ese obrero que detiene su jornada y se encuentra con temas serios: Montiel disecciona a un político, Escarabajal lidia con los misiles del ayatolá y otros asuntos gravísimos. Soy un polizón entre sus páginas, un elefante en la habitación al que denominaron ustedes «Pan para Hoy». Desde luego que lo de la manduca está bien traído, porque le añado algunos motivos que deberían obligarle inmediatamente a mi despido.

Sepa que me he lucrado de mi pluma y de su tinta; que escribo para que me pongan delante un plato de comida aquellos a quienes menciono —lo cual voy consiguiendo con bastante éxito—. Por medio de estas columnas he conseguido conquistar a todas las madres de mis amigos y convencer a mis tíos para que me dejasen pasar todo el verano en La Manga. Hasta he sido mozo de espadas de un novillero, ¿sabe?

Yo no aguanto más esta mentira, muy señor mío, y le ruego que me libere de su yugo. Si no lo hace, comenzaré con mi boicot. De momento se me ha ocurrido que puedo ir metiendo gazapillos como un zorrico: soltar un «conqueasínque», abusar del «quid de la cuestión» o inventarme alguna cita motivadora de americanos cursis a las que acuden los chuflones.

En fin, corramos un estúpido velo, pues si usted no me licencia, hay que volver a tapar al elefante. Hasta ahora no ha sido suficiente con hablar de los pezones de los guardias civiles debajo de sus polos de poliéster, tan modernos como horteras. Escribí aquello a la espera de una posible detención que me liberase, pero en este país ya no se respeta ni la censura.

Sin otro particular, se despide de usted...

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