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Sánchez dimitirá un lunes

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04.01.2026

Una ilustración con un hombre haciéndose una selfie al borde de un precipicio. / Leonard Beard

La última novela de Manuel Moyano (magnífica, como saben quienes la han leído) lleva por título El mundo acabará en viernes, una profecía que de no cumplirse en términos nadie quedará para reprochársela. Es más arriesgado predecir que Pedro Sánchez dimitirá un lunes, no tanto por la posibilidad del día de la semana como por el hecho de que el suceso pudiera ocurrir. Pero el índice de probabilidad es muy alto, y ya existe un antecedente: tras la debacle del PSOE en el domingo electoral de las autonómicas y municipales de 2023, Sánchez convocó las generales como modo de responder a unas responsabilidades que, de no reaccionar con ese gesto, le habrían creado dificultades internas, pues quedaba claro que en buena parte aquellas derrotas venían impulsadas por el inicio de su descrédito, y eso que todavía no había empezado el chaparrón y Sánchez aún se parecía al PSOE.

Una frase tremenda

La única frase con que Sánchez ha respondido al hundimiento socialista en Extremadura, pronunciada para los suyos, ha sido: «El voto volverá en las generales». Unas palabras terribles para las baronías socialistas, pues de ellas se desprende que el líder nacional pasa por alto que antes de las generales, que sitúa en su fecha ordinaria de 2027, hay que soportar las autonómicas de Aragón, de Castilla y León y de Andalucía. Y que respecto a ellas guarda pocas esperanzas de recuperación, de modo que sus candidatos correrían el mismo destino que el Gallardo extremeño. Con esa proyección convierte a los presidenciables socialistas, nombrados a dedo, es decir, sumisos sea cual sea su destino, en corderos sacrificiales en sus territorios a la espera de un bien superior, que él mismo encarna.

No es la mejor optimización augurar que «el voto volverá en las generales» cuando en el trayecto hacia ellas hay tres elecciones sustantivas en las autonomías. Por esto sorprende que la militancia socialista acepte con tanta pasividad un destino tan predeterminado por quien ejerce el liderazgo, que parece no tener otra estrategia que su propia supervivencia a costa de la devaluación de las expectativas de otros compañeros.

Apalancar el partido

La próxima parada, Aragón, puede significar el segundo tropiezo, en el que el lema «que viene Vox»........

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