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Las memorias del abuelo José Estrada entre la guerra y la revolución: Pepito de Valmurián, un asturiano de la Patagonia que siempre pidió justicia y libertad

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26.01.2026

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Eduardo Lagar

¿Qué iban a hacer con aquella gallina que, probablemente, viajaba mareadísima en el maletero del coche? Imposible llevarla hasta la Argentina. ¿Qué hacer con aquel extravagante regalo que les había hecho un vecino de Valmurián (Mieres) al verlos de regreso al pueblo 46 años después? Los identificó al instante. Eran ellos. José Estrada, un socialista al que llamaban Pepito, su mujer Carolina y su hija María de los Ángeles. La última vez que el hombre de Valmurián había visto a la nena tenía tres años. No podía creérselo. Habían vuelto. De la emoción se lanzó al gallinero y les entregó una pita. Era 1998.

Hoy nadie sabe qué fue de aquella pita. Hoy es diciembre del año 2025 y Ricardo Daniel González Estrada está contando a LA NUEVA ESPAÑA, a través de una videollamada, la historia de su familia materna asturiana, de sus abuelos José y Carolina, de su madre María de los Ángeles. Ricardo vive en Comodoro Ribavadavia, la ciudad del petróleo en la Patagonia argentina. Está muy implicado en el Centro Asturiano que hay esta ciudad de unos 200.000 habitantes, a 1.700 kilómetros al sur de Buenos Aires. Vive de una empresa familiar que ha conseguido echar arriba junto con otros dos hermanos, un negocio de ferretería y fontanería. Tienen una fábrica de tanques de agua y de premoldeado de cemento. Han prosperado a fuerza de trabajar. Pese a la eterna crisis que sacude a la Argentina, “gracias a Dios vivimos bien”, dice. Gracias a que progresaron, su madre, hoy ya fallecida, pudo cumplir “el sueño” que tenían los abuelos Pepito y Carolina: volver a Valmurián.

Habían vivido, y sufrido, mucho en Valmurián. Especialmente José Estrada, el abuelo, ex dirigente socialista, que había luchado en la Revolución de Octubre del 34 y luego en la Guerra Civil, donde fue severamente herido en combate contra las columnas gallegas de los sublevados, que acudían a romper el cerco republicano a Oviedo. Tras la Guerra y la derrota, Estrada tenía sobrados motivos para dejar España. Uno de los últimos días que estuvo en Valmurián fue aquel en el que, en la estación de La Pereda (Mieres), vio bajarse a un hombre con gabardina y escopeta al hombro. Era el capitán de la Guardia Civil que venía a cazarlo. Y cómo el guardia no le ponía cara, Estrada aún tuvo la sangre fría de indicar a su propio verdugo por dónde se iba a Valmurián cuando éste, completamente despistado, le preguntó.

“Mi abuelo escribía en una agenda, al final del día, todo lo que había pasado. Y nos dejó a un libro dedicado a los nietos donde contaba su vida”, dice Ricardo González Estrada. Al punto y como primera frase de la larga historia que va a relatar, añade: “Porque mi abuelo, en realidad no era asturiano…”

(Lo que sigue es un resumen de “Mis vivencias. Desde el Chenque al Monte Llagos”, el libro que Pepito de Valmurián dejó a sus nietos como el legado de un hombre que nació “en un mundo agitado y con pocas perspectivas”. Un tiempo que le marcó, como dice en el prólogo: “En la juventud, el que sufre y ve padecer a sus hermanos adopta una ideología redentora. Yo, después de profunda reflexión, opté por la que creo que es la esencia de la libertad, la democracia, la solidaridad y la justicia. La mantengo inalterable, aunque comprendo que las ideologías, lamentablemente, llevan el camino del ocaso. Los principios son inmutables. Esa es mi convicción que avala un conducta sana y natural”)

Una imagen de juventud de José Estrada Fernández / Familia Estrada

José Estrada nace el 25 de octubre de 1916 en Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina. Es hijo de los emigrantes Celestino Estrada Álvarez, de Loredo, y de María Fernández Fernández, de Valmurián, ambos pueblos en el concejo de Mieres. José nació solo 15 años después de la fundación de la ciudad de Comodoro Ribadavia. Entonces era “una incipiente población con casas dispersas a orillas del mar en el Golfo de San Jorge”. Pero la extracción del petróleo y el negocio de la lana, floreciente durante la I Guerra Mundial, “atraían a gente de todas las nacionalidades”. El padre de Pepito administraba un campo de ovejas propiedad de su hermana, pero por un “desentendimiento familiar”, deciden volver a su tierra natal en 1919.

Ya al otro lado del mar, en Asturias, el matrimonio y dos hijos, María de la Paz y José, se instala en casa de los abuelos paternos, en Valmurián, concejo de Mieres. El padre no se integra bien en Asturias. Está, recuerda José en sus memorias, “poseído por ese misterioso influjo de la Patagonia, adquirido en sus catorce años de residencia en la zona de Río Gallegos administrando campos”.

Así que el padre de José Estrada decide regresar a la Argentina. Celestino deja atrás a sus dos hijos y a su mujer embarazada de un tercero, Carlota. Regresa a visitarlos en 1921. Su hijo José tiene “vagos recuerdos” de él. El padre no tarda en volver a la Patagonia. Le da tiempo, no obstante, a “encargar” un nuevo hijo, Jesús.

Aquel emigrante no volvió nunca a Asturias. Dos años después, Celestino Estrada muere de tuberculosis en Chile, a donde le recomendaron ir por tener un clima más cálido. "En su soledad, con el dolor de la ausencia de los seres queridos, fallece en un hotel de la capital chilena en 1925. Tengo nueve años y ya me doy cuenta de nuestra lastimosa situación. Sin muchas perspectivas tenemos que seguir en Valmurián”, escribe José Estrada en sus memorias.

El abuelo de José Estrada, jubilado de Fábrica de Mieres con poca pensión, se convierte en el cabeza de familia. Viven de vender la leche y algún ternero. Y de la huerta. José se inicia en sus primeras letras. Tiene la escuela en Baíña, a “tres kilómetros por caminos escarpados”. Luego pasa a la escuela de otro pueblo, Aguilar, donde hay maestro titulado. Descubre su pasión por los libros, que le acompañará toda la vida.

Escribe: “Siendo todavía muy chico tenía una notable predisposición para la lectura. Mi abuela materna –a los abuelos paternos no los conocí- era analfabeta, pero tenía no obstante la condición de ser una persona con un sentido filosófico impresionante. Estaba suscrita a un diario muy popular de Oviedo que tenía por nombre ‘El Carbayón’, que viene a ser en Asturias el roble, y su adquisición tenía la finalidad de que yo le leyera las noticias de las que era una apasionada. Como lo que se estudia se oye o se aprende a tan tierna edad no se olvida nunca, recuerdo la lectura del viaje cruzando el Atlántico del Plus Ultra con Ramón Franco, Ruiz de Alda, Durán y el mecánico Pablo Rada. Su llegada triunfal y el apoteósico recibimiento que les fue dispensado por la ciudad de Buenos Aires el diez de febrero de 1926”.

En diciembre de 1931 fallece el abuelo de José Estrada. Queda la abuela Carlota, la madre de José y tres hermanos pequeños. Y él como cabeza de familia. “A mí me cabía la responsabilidad de hacerme cargo de la dirección los trabajos del campo”, escribe.

Pese a que tiene que tirar del grupo familiar, José sigue leyendo todo lo que puede. De la que va repartir la leche a Ablaña, un vecino que había estado emigrado a Argentina le manda comprar los periódicos que llegan a media mañana en el expreso procedente de Madrid, “El Sol” y “El Heraldo”, editados en la capital. Pero antes de dárselos al vecino “me enteraba de su contenido”.

La II República llega cuando José Estrada tiene 15 años. “Participé en los festejos. Es impresionante la repercusión que produce en la conciencia ciudadana”, anota en sus memorias. Para José es un momento de despertar........

© La Nueva España