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‘NAZA’ y la banalidad del mal

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«NAZA» no es un juego de palabras construido con «Gaza» y una ideología tremendamente popular en estos días que corren. NAZA es el acrónimo de «nezek agavi», que significa «daños colaterales» en hebreo. También es el título de una de las grandes películas del año, un documental que fue recibido con 25 minutos de aplausos en el pasado Festival de Venecia y que ganó, entre otros, el premio especial del jurado.

Narra el proceso de sistematización tecnológica a través del cual el gobierno de Netanyahu se ha propuesto limpiar Gaza de palestinos. Lo cuentan los propios perpetradores, concretamente 24 oficiales y soldados del servicio de inteligencia, hoy arrepentidos, que se dedicaron a derribar uno tras otro todos los edificios de la Franja desde la pantalla de sus ordenadores. El arma predilecta para esta masacre era el programa Lavender, un software de inteligencia artificial que geolocalizaba los móviles de supuestos miembros de Hamás y hacía un cálculo de los posibles daños colaterales. Lo hacía con extremada precisión: señalaba el bloque, la planta, el apartamento y las personas que había dentro. Esto último casi nunca importaba: el bombardeo se llevaba todo por delante.

«Decíamos 15 NAZA. Nunca decíamos 15 personas muertas. Y mucho menos 15 mujeres y niños muertos», explica uno de los entrevistados por Yuval Abraham, director del documental junto a Rachel Szor. Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, una consigna corrió como la pólvora entre las Fuerzas de Defensa de Israel: «No hay inocentes en Gaza». Se levantó la veda.

La cifra de las víctimas civiles afectadas por este método no pueden saberse, pero uno de los oficiales que hablan con Abraham se arriesga a hacer una media aproximada: 20 por cada supuesto........

© La Marea