Timbre
Creo que fue Truman Capote quien aseguró que, para estar solo o sentirse solo, no había como ir a Nueva York. Lo dijo, si es que lo dijo, un poco después de traicionar la confianza de sus amigas acaudaladas, cuando ellas le declararon la ley del hielo por diseminar sus secretos en público. Años después es posible decir que, para estar solo, estructuralmente solo, no hay como ir a cualquier lugar de Estados Unidos. Excepto por Nueva York, donde el transporte público vuelve necesario, si no es que inevitable, el contacto con los otros, la mayoría de las ciudades estadunidenses están diseñadas para el aislamiento que producen los automóviles –ya sea avanzando a toda velocidad o atascados en los interminables freeways– y para la ausencia de cualquier forma de vida pública que no sea el consumo.
José Agustín las retrató bien en esa novela de 1982 que se llamó Ciudades desiertas (existe una versión cinematográfica no del todo lograda bajo el título de Me estás matando Susana, dirigida por Roberto Schneider en 2016). Cuando Eligio decide dejar la Ciudad de México para ir a buscar a su mujer, quien ha aceptado una beca en un Programa Internacional de Escritores en un lugar que a todas luces es la Universidad de Iowa, el encuentro con el........
