Timbre
He dedicado buena parte del 2025 a cuidar u organizar el cuidado de mi madre, que tiene 82 años. Se trata de una tarea ardua, históricamente impuesta o asumida por las mujeres de la casa, que poco a poco va ocupando todo el tiempo. Hay que ponerle atención a cada detalle: los alimentos, el ejercicio, las actividades manuales, la higiene, la diversión, los medicamentos. Quien ha cuidado a un ser amado sabe que no hay descanso, ni físico ni mental: cualquier momento puede ser un momento de peligro. Está la escalera, con sus peldaños siempre amenazantes; las horas vacías que conducen al aburrimiento y, del aburrimiento, a la zozobra; la televisión con su domesticación insulsa; la melancolía, que brota nada más porque sí. Como mi madre es una mujer sana, autónoma, con un sentido del humor a toda prueba, estas tareas de cuidado no dejan de tener sus muchos momentos de encanto. Su memoria de largo plazo, mucho más firme que la memoria inmediata, nos lleva con frecuencia a un pasado que recuerda con fidelidad. Y ahí resaltan con brillo propio nuestros días de campo. ¿Te acuerdas cuando bastaba con empacar un mantel, unos sándwiches, un termo con café y frascos de agua para pasar un día maravilloso en cualquier lado?
Le digo que........

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