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Sobre la obra de Manuel Sacristán

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11.01.2026

Editor de Marx y Engels, el filósofo marxista argentino Nicolás González Varela es autor de Nietzsche: contra la democracia y Heidegger. Nazismo y política del Ser.

Sé que no le pudiste conocer personalmente. ¿Cómo llegaste a la obra de Manuel Sacristán?

Debo aclarar que mi formación marxista se desarrolló en los años oscuros de la última dictadura militar argentina, lo que equivalía a una censura férrea y tenaz sobre cualquier material bibliográfico, no sólo marxista sino de meras tendencias liberales. Era extremadamente difícil --al punto de poner en riesgo la vida-- acceder a materiales críticos, en especial de España o México. Toda la formación teórica e ilustración militante pasaba, bien por bibliotecas clandestinas personales que habían sobrevivido al golpe militar de 1976, bien por materiales fotocopiados de las organizaciones de izquierda en la clandestinidad. Las universidades eran un desierto teórico... Sacristán en esos años era para nuestra generación un intelectual renombrado, nos llegaba el eco de su obra, pero en la práctica nos era desconocido. La escasez era apremiante y reaccionaria.

Mi primer contacto con su obra fue casual, a través de la recordada revista Materiales. Es imposible saber de qué manera fueron capaces de llegar algunos ejemplares a la Argentina. Su consejo de redacción era un verdadero lujo. Aquel primer texto que llegó a mis jóvenes manos fue un artículo sobre el eurocomunismo, resumen de una intervención en la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) en 1977. La candente cuestión en la época de Berlinguer... Por cierto, todavía conservo aquel preciado ejemplar...

Creo que te estás refiriendo al artículo «A propósito del «eurocomunismo»» que se publicó en el n.º 6 de Materiales, noviembre-diciembre de 1977 y que luego fue incluido en el volumen III de Panfletos y materiales, en Intervenciones políticas.

Tal como dices. Afortunadamente, todo comenzó a cambiar con la llegada de la democracia en Argentina a fines de 1983. Aparecieron, por fin, los primeros libros de Sacristán. Los descubrí siendo librero en la legendaria librería Gandhi, filial de la famosa tienda de libros en México, recién desembarcada en Buenos Aires. Llegaron los Panfletos y materiales publicados por la editorial Icaria, una enriquecedora colección de breves ensayos, viñetas de filósofos y reseñas bibliográficas. Invito a todos los ávidos lectores a que no dejen de leerlas, plenas de actualidad crítica y científica.

Su gran proyecto de edición de las Werke de Engels y Marx de editorial Grijalbo alcanzaba a la intelectualidad argentina aleatoriamente.

Las circunstancias histórico políticas hicieron, por lo tanto, que llegara a Sacristán, en primera instancia, desde su lado como hombre práctico y de intervención en la política del día a día, en una segunda y afortunada instancia pude profundizar en el científico y pensador de alcance internacional...

Me salgo un momento del guion. ¿Por qué hablas de Engels y Marx y no de Marx y Engels como suele hacerse?

Quizás sea un pequeño acto de justicia lexicográfico. ¿Cómo era Engels antes de asociarse con Marx? Aseguraba Borges, no sin razón, que el concepto de «texto definitivo» no corresponde sino a la superstición o al cansancio. Esto es plenamente aplicable a los clásicos, muchos de los cuales nos han llegado distorsionados, incompletos, o ambas cosas a la vez. Un caso paradigmático es el del propio Marx. Hoy conocemos bien el tortuoso camino de la publicación de sus escritos, una azarosa aventura política y literaria, a veces mortal, que todavía no ha concluido de manera feliz para el lector en español.

El caso de Engels es quizá mucho peor, al ser considerado un mero «segundo violín», de manera supersticiosa, por cierta parte de la marxología, tanto por él mismo desde la muerte de Marx como, irónicamente, por muchos de sus detractores y oponentes filosóficos-políticos. Engels, actor indispensable pero fatalmente secundario. El conocimiento de su obra fue asumida como no decisiva, y esta violencia interpretativa se plasmó en la misma política editorial. La autoinmolación espiritual y física de Engels terminó encarnándose en la recepción. Sus «primeros materiales» quedaron condenados de antemano. La leyenda del «gran hombre» acompañado de su fiel escudero, el junior partner Friedrich, se impuso negativamente, como una losa hermenéutica, sobre su propia obra desde 1895. Finalmente, se sumó a esta hipoteca la grosera codificación del Dia Mat en fórmulas jesuíticas.

La mía es una reivindicación tardía de la contribución de Engels al comunismo crítico, con la cual, seguramente, estaría muy de acuerdo el propio Sacristán...

Muy probablemente. Déjeme recordar que tú has sido el editor de Engels antes de Marx, una recopilación de textos del coautor del Manifiesto antes de que conociera a Marx. Hablabas antes de Sacristán como «científico y pensador de alcance internacional». ¿No exageras un poco usando la expresión «alcance internacional»?

Entiendo que se puede hablar de un Sacristán atlántico, que su obra completa --tanto polémica como de divulgación-- ha tenido un alcance subterráneo, muchas veces silencioso, lateral y transgeneracional, detrás de bambalinas, más allá de las instituciones, en muchos ámbitos geográficos distantes. Basta comprobarlo en Argentina o México, o incluso con su actual descubrimiento en el mundo de habla inglesa.

En 1959, como recuerdas, Sacristán defendió y publicó su tesis doctoral sobre Las ideas gnoseológicas de Heidegger, reeditada en 1995 por su amigo y discípulo Francisco Fernández Buey. ¿Qué opinión te merece su trabajo?

He tenido la oportunidad de escribir un libro sobre el Heidegger político hace unos años. Volvía a leer entonces el libro de Sacristán para ahondar las primeras lecturas del texto y recuperar parte de su precoz mirada crítica sobre Heidegger. También debemos destacar su breve voz biográfica sobre Heidegger del año 1980, para la Enciclopedia Espasa. Sacristán, como sabemos, fue durante un tiempo un heideggeriano muy especial, heterodoxo... ¿Crítico? ¿De izquierda? ¿Post?

Ese libro, su tesis doctoral, es en general in toto un balance absolutamente negativo de........

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