Los tecno-oligarcas colonizan Washington
Los CEOs de grandes corporaciones tecnológicas --con Palantir, de Peter Thiel, a la cabeza-- se están reconvirtiendo en una élite tecno-oligárquica con influencia directa en el área militar, pero también en comunicaciones y energía. Con un ideario eugenista, antiilustrado y antiigualitario, emerge un liberalismo sin democracia que reconfigura el poder político bajo las lógicas del capital tecnológico.
Las soluciones digitales que ofrece la empresa Palantir Technologies son, de hecho, el sistema operativo del poder militar en EEUU. Esto representa una inédita cesión de soberanía operativa del sector público en favor de agentes privados a través de un modelo de externalización que resignifica infraestructuras y procesos que constituyen los fundamentos mismos del Estado.
La empresa es la nave nodriza del nuevo complejo militar industrial digital. Pero, además, y principalmente, es un caso testigo en el sostenido proceso de colonización de capacidades del Estado que llevan adelante los tecno-empresarios de Silicon Valley, protagonistas de una dinámica, extraordinaria por escala y profundidad, de hibridación de poder.
A través de un contrato con el Pentágono a fines de julio de 2025 y por un monto total de 10 mil millones de dólares --de los más gravosos de la historia en el área de Defensa--, Palantir gestionará decisiones militares fundamentales sobre objetivos, movimientos de soldados e inteligencia. El mantra de la eficiencia, que se articula en función de relatos que consagran los efectos redentores del solucionismo digital y la inteligencia artificial, es el argumento para la operación política de captura de los actores privados de áreas y prácticas que históricamente fueron exclusivas del Estado.
El control operativo de Palantir sobre el Pentágono representa un salto cardinal de reconfiguración política en Washington: legitima y pondera el protagonismo en el gobierno de lo público de una nueva élite, la de los CEOs de Silicon Valley, que gestionan los procesos de innovación a través de la IA, una tecnología que conlleva capacidades performativas de alcance civilizatorio porque en sus efectos redefine los patrones políticos, económicos y culturales que significan la vida.
Es una élite que actúa cada vez más como una oligarquía: en su hacer despliega una metapolítica que se asienta sobre postulados 'anarco-libertarios' y una irrefrenable pulsión tecno-utópica al servicio de la progresiva construcción de una hegemonía de clase dominante. "No son solo innovadores, sino los arquitectos del orden posmoderno que está emergiendo a través de la IA, la disrupción digital y el capital tecnológico", dijo el filósofo Alessandro Aresu.
Agentes de las grandes corporaciones tecnológicas controlan o inciden en sectores relevantes de la administración de Trump: en defensa, en la gestión de la información, en el régimen monetario (criptomonedas), en comunicaciones y en energía. Incluso el Ejército está incorporando formalmente a ejecutivos de Silicon Valley a través de la denominada "Unidad 201". En junio pasado designó con el grado de tenientes coroneles a Shyman Sankar, director de tecnología de Palantir, a Andrew Bosworth, director de tecnología de Meta, a Kevin Weil, director de productos de OpenAI, y a Robert McGrew, exdirector de investigación de OpenAI. La distinción entre el actor (y el interés) público y el contratista (y el interés) privado se ha vuelto deliberadamente borrosa.
Entre estos tecno-oligarcas se destaca el presidente de Palantir, el empresario Peter Thiel, quien cree que EEUU vive un proceso de declive que pone en juego su hegemonía y pregona que el Estado debe reconvertirse en una startup para superar el estancamiento. Su empresa es omnipresente en Washington: Michael Kratsios, inversor en Palantir, dirige la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología;........
