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«Detrás de cada infiltrado hay todo un mecanismo de Estado que lo sostiene»

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08.04.2026

Rosas Negras nace de la experiencia compartida de haber sufrido infiltraciones policiales. Lo que empezó como un grupo de cuidados terminó convirtiéndose en un proyecto político que se materializó en un libro: «La sombra del Estado».

Un amigo íntimo en el que confías, un tío en tu colectivo con el que ligas, un compañero de gimnasio con el que aprendes artes marciales, tu compa de piso, ese colega con el que sales de fiesta y con quien tomaste MDMA, tu pareja, o la compa que tomó acta en la última asamblea. Si en esta lista de personas te vino alguien a la cabeza, imagínate que esa persona no es quien dice ser. Imagínate que esa persona es un agente infiltrado. Esta ha sido la realidad de decenas de militantes en el estado español.

¿Qué tenían en común esas personas? Organizarse en asambleas de vivienda, espacios autogestionados, movimientos climáticos, antirepresivos, libertarios, anarquistas, independentistas, feministas, por la autodeterminación de los pueblos, por una Palestina libre, asambleas de barrio, etc. con el objetivo de luchar contra un sistema desigual y opresivo.

En los cuatro últimos años, se han destapado doce casos de agentes infiltrados en los movimientos sociales en el Estado español. Esta práctica, lejos de ser nueva o excepcional, constituye una estrategia sistemática de control social que, como han documentado investigaciones recientes, se ha penetrado durante décadas en los movimientos sociales del Estado español.

Rosas Negras nace de la experiencia compartida de haber sufrido infiltraciones policiales. Lo que empezó como un grupo de cuidados terminó convirtiéndose en un proyecto político que se materializó en un libro: La sombra del Estado.

Después de todo este proceso, de escribir, de recordar, de compartir... ¿cómo estáis? ¿Cómo os han marcado las infiltraciones policiales en vuestras vidas? ¿Qué os ha servido para responder a esta violencia?

Conocemos de cerca la incertidumbre, el miedo, la impotencia, el dolor y la rabia que generan las infiltraciones. Creemos que hay muchos sentires y que todos son válidos. Pasar el proceso de sospecha y, sobre todo, el de asimilar la confirmación de que has convivido de cerca con un policía infiltrado puede generar un daño muy grande. No en vano algunas decidimos usar términos como tortura o violación para describir nuestras vivencias.

¿Cómo se transita del dolor individual a la organización colectiva?

Al principio "solo" nos juntábamos para sentirnos comprendides y crear un espacio de cuidados. Poco a poco, nos permitió ver que las estrategias eran similares. Detrás de cada infiltrado hay todo un mecanismo de Estado que lo sostiene con el fin de perseguir cualquier colectivo sociopolítico. Además, creíamos importante contar las historias que hemos vivido directamente. Algo muy necesario. Si bien se ha hablado mucho del tema, las voces que dirigen el discurso son periodistas, abogadas, psiquiatras, etc. En cambio, es importante que la gente sepa que la mayoría de las infiltraciones se han destapado desde los mismos entornos afectados y que son estos quienes luego se quedan con el duelo.

¿Qué os ha servido para responder a esta violencia?

Dar una respuesta desde la colectividad y la diversidad de historias y sentires. A nosotres nos ha tocado compartir la intimidad con infiltrados, pero en realidad éramos solo una herramienta para acceder a colectivos e información de movimientos sociales, organizaciones y colectivos políticos.

Una de nuestras intenciones al crear Rosas Negras era politizar la respuesta frente a las infiltraciones y despersonalizarla, por eso la decisión de crear un colectivo. En principio, no pretendía ser un grupo anónimo. Actualmente, viendo que se está persiguiendo a compañeros........

© La Haine