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Esto vir

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17.03.2026

Ya Cicerón decía que el rostro es la imagen del alma. El refranero hizo suya la idea y los fisionomistas de los siglos XVIII y XIX creían que la personalidad, el carácter o incluso la moral de una persona podían deducirse de sus rasgos faciales. Debemos toda una iconografía del villano a las teorías de Cesare Lombroso o a los sistemas de identificación criminal desarrollados por Alphonse Bertillon. Así, una mandíbula prominente, las orejas grandes o una frente baja dieron mucho juego tanto a la policía como al imaginario popular.

Me gusta mirar caras. No para desenmascarar a l’uomo delinquente, claro. Suelo entretenerme en aquellos rasgos que cuentan una historia de siglos. En una nariz cuyo puente ha permanecido impasible a sucesivas recombinaciones génicas. Miro con complicidad la caída del arco de una ceja que su propietaria detesta, pero........

© La Gaceta