Elogio de la vergüenza
Recuerdo de mi infancia: mi madre está ordenando su armario y yo, con once o doce años, le doy conversación. Charlábamos muchísimo mi madre y yo, y ella me echaba bastante cuenta, sembrando en mi tierna vanidad de entonces el convencimiento de que tenía o tendría algo que decir. Quizá no sería columnista de no haber sido por aquellas conversaciones.
Pero en esa ocasión que recuerdo tan bien mi madre me quitó la razón sin contemplaciones, casi enfadada. Mi tesis era que la gente que no hacía algo malo por vergüenza o respetos humanos y no por convencimiento actuaba bien por las razones equivocadas, rozando la banda de la hipocresía. Lo mejor era —argumenté muy serio— no tener la más mínima vergüenza, pero seguir comportándose........
