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Maternar, leer, anotar la vida

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Una masa de agua salada ondea del otro lado de la ventana. Llegamos hasta aquí para que Bebé descubriera el mar y ya pasamos la primera noche con el oleaje de fondo. Bebé se despertó unas cinco o seis veces: se revolvió en la cama, pateó al aire y lloriqueó. La acuné, le ofrecí teta, la arrullé hasta que volvió al sueño.

Me dormí en seguida, salvo esta vez en la que me quedé a escuchar el sonido de las olas al romper, el chapoteo y los susurros del agua. Escribo desde un cuarto que lleva al turquesa del Caribe. Atrás hay un lago —cultivo de zancudos— y un monte espeso. Todos duermen. Solo estoy yo con la piel tirante y áspera, con este........

© La Crónica del Quindío