menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Más allá de «Pasionaria» (I): Encarnación Sierra, dirigente comunista, cigarrera y miliciana, muerta en el exilio

6 4
16.12.2025

Entre ambas fotografía media un abismo, el que hay entre la victoria y la derrota; entre el orgullo que desprendía dignidad y el abatimiento después de repetir hasta la extenuación «¡No pasarán!»; entre el optimismo revolucionario desbordante y el exilio triste y amargo. Entre el 7 de noviembre de 1936 en la Plaza Roja de Moscú, aclamada como una heroína antifascista, y el mes de mayo de 1939, cuando lejos de sus cinco hijas, y después de cuatro meses refugiada en Francia, solicitaba el asilo político en la embajada de México en París. Sus semblantes lo dicen todo… Pero las dos son una misma persona, se llamaba Encarnación Sierra. Dos caras de una misma moneda: la de la Segunda República española traicionada.

¿Puede haber algo más hermoso e inolvidable para una comunista de los años 30 que presenciar desde una tribuna la celebración del aniversario de la Revolución soviética entre vítores y saludos entusiastas de las obreras y obreros rusos al heroico pueblo antifascista español, y desfilar después ante el Mausoleo de Lenin? ¿Y la sonrisa franca y contagiosa con que posa en unos momentos de charla con el veterano bolchevique y Presidente del Comité Ejecutivo de la Unión Soviética, Mijail Kalinin? ¿Y cuando en las paradas del tren en los trayectos de Odesa a Moscú o de Moscú a Leningrado o Kiev los pioneros y sus madres les llevaban al vagón un sinfín de regalos: frutas, tabaco, dulces, pañuelos y demás labores hechos por los niños y mujeres, así como productos del campo traídos de los koljoses? ¿O cuando en una aldea diminuta salieron los campesinos en las primeras horas de la madrugada a saludar a los delegados antifascistas españoles, portando retratos de los mártires Galán y García Hernández y una pancarta con el «¡No pasarán!» escrito en castellano? Encarnación Sierra estuvo allí y vivió esos inolvidables momentos que seguro reviviría en los postreros momentos de su vida, antes de que sus restos bajaran al fondo de una fosa en el Panteón Español de la ciudad de México, donde yacía su hija Ángela.

Encarnación Sierra Samamé (Madrid, 1895) fue seleccionada por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética para acudir a Moscú a la celebración del XIX Aniversario de la Revolución rusa, el 7 de noviembre de 1936. La Delegación estaba formada por cuarenta personas, la mayoría representando a las milicias que luchaban en los distintos frentes, y entre ellos solo iban tres milicianas y la madre de dos combatientes, Emilia Proharán.

Encarnación iba representando a la «Columna Burillo», que al mando del comandante de Asalto Ricardo Burillo, se encontraba luchando en el Frente del Tajo, impidiendo por el sur el avance sobre Madrid de las tropas franquistas. Encarnación, que comenzó en julio de 1936 como miliciana luchando en la Sierra de Guadarrama, tres meses después se había convertido en Comisario político en dicha columna.

Desde que la expedición llegara al puerto de Odesa en medio de una sinfonía de sirenas de barcos adornados con banderas multicolores, y docenas de barquitos y botes que les saludaban con pañuelos, gorras y puños en alto mientras en el muelle miles de trabajadores y obreras de Odesa portaban banderas y pancartas con consignas y lemas escritos en castellano, a Encarnación siempre la mencionarán en todas las crónicas -pues siempre intervino en todas las alocuciones y actos de aquellos días, desde que lo hiciera en el mismo muelle de Odesa- como «cigarrera y miliciana de la Columna Burillo»; de las otras dos milicianas, María Núñez Pérez y Carmen Salvador Cuesta, solo citaban a la unidad a la que representaban: la columna del frente de Buitrago la primera y la Brigada de la Victoria del 5º Regimiento la segunda; pero nunca su profesión. Porque decir «cigarrera» era mucho o lo era todo; era señalarla como parte del grupo proletario más antiguo y más combativo de obreras; era su mejor carta de presentación. Y porque Encarnación no había sido una cigarrera cualquiera. Desde 1926 ya se la vio subida a las tribunas en los mítines y asambleas de la Federación Tabaquera, siempre detrás en importancia de los líderes indiscutibles Severino Chacón y Eulalia Prieto, y en febrero de 1930 convertida ya en Vicepresidenta de la Sección de Madrid de la Federación Tabaquera. En ese momento era madre de cinco hijas y su marido Victoriano Manrique era también un dirigente sindical de la Sociedad de obreros entarimadores de la Unión General de Trabajadores.

La llegada de la Segunda República el 14 de abril de 1931, con la temprana decepción que le supuso las tibias medidas para la mejora de la vida de las masas proletarias que emprendió el gobierno del derechista Alcalá-Zamora, ex-ministro de Alfonso XIII, le cambió la vida y la mirada política de los raudos acontecimientos políticos que se sucedieron, y antes de que acabara el año ingresaba en el Radio Sur del Partido Comunista. Cuando llegaron las elecciones generales de noviembre de 1933, aún Encarnación no se había convertido en una dirigente del........

© Kaos en la red