Entrevista a Iñaki Gil de San Vicente: El antiimperialismo como lucha permanente. Retos históricos y desafíos actuales
La entrevista fue realizada en julio de 2025 por Lume Vivo, pero no por ello pierde valor teórico y vigencia política.
¿Cómo definirías el antiimperialismo desde una mirada marxista?
¿Cómo definirías el antiimperialismo desde una mirada marxista?
¿Cómo anticiparon Marx y Engels una teoría antiimperialista? ¿Cuáles son las raíces teóricas del imperialismo dentro del marxismo?
¿Cómo anticiparon Marx y Engels una teoría antiimperialista? ¿Cuáles son las raíces teóricas del imperialismo dentro del marxismo?
¿Qué aportó Lenin con su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo?
¿Qué aportó Lenin con su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo?
¿Para qué sirve hoy la teoría de Lenin sobre el imperialismo para entender el mundo? ¿Cómo ha cambiado el imperialismo desde Lenin hasta hoy?
¿Para qué sirve hoy la teoría de Lenin sobre el imperialismo para entender el mundo? ¿Cómo ha cambiado el imperialismo desde Lenin hasta hoy?
¿Cómo conecta la lucha de clases con el antiimperialismo en el marxismo? ¿Qué aportaron los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo a la lucha antiimperialista? ¿Cómo cambió la teoría del antiimperialismo después de la descolonización de África y Asia? ¿Qué papel tuvo el Komintern en armar una teoría antiimperialista mundial?
¿Cómo conecta la lucha de clases con el antiimperialismo en el marxismo? ¿Qué aportaron los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo a la lucha antiimperialista? ¿Cómo cambió la teoría del antiimperialismo después de la descolonización de África y Asia? ¿Qué papel tuvo el Komintern en armar una teoría antiimperialista mundial?
¿Cómo conecta Fanon la violencia con la teoría revolucionaria del antiimperialismo? ¿Qué vínculo hay entre lucha cultural y antiimperialismo en autores como Ngũgĩ wa Thiong’o?
¿Cómo conecta Fanon la violencia con la teoría revolucionaria del antiimperialismo? ¿Qué vínculo hay entre lucha cultural y antiimperialismo en autores como Ngũgĩ wa Thiong’o?
¿Qué importancia tiene que los pueblos decidan por sí mismos dentro del antiimperialismo? ¿Cuáles son los elementos básicos para armar una teoría revolucionaria del antiimperialismo? ¿Qué tipo de internacionalismo político necesita hoy la teoría antiimperialista
¿Qué importancia tiene que los pueblos decidan por sí mismos dentro del antiimperialismo? ¿Cuáles son los elementos básicos para armar una teoría revolucionaria del antiimperialismo? ¿Qué tipo de internacionalismo político necesita hoy la teoría antiimperialista
El estruendo de los cañones de la OTAN en Ucrania, el desgarro de un genocidio televisado desde Palestina, la sombra de la intervención militar que se cierne sobre el Sahel y las crecientes tensiones geoestratégicas en el Mar de China Meridional no son fenómenos aislados ni caprichos de la historia. Son las manifestaciones más evidentes y brutales de una lógica sistémica que, lejos de desaparecer, define con una virulencia renovada el mapa del siglo XXI. Esta lógica tiene un nombre que durante décadas ha sido relegado al desván de la historia por el pensamiento hegemónico, pero que hoy retumba con una urgencia ineludible: el imperialismo.
Tras el colapso del bloque soviético, se nos anunció el «fin de la historia». En ese nuevo orden, el concepto de imperialismo fue vaciado de su contenido científico y político, convertido en una reliquia o, en el mejor de los casos, en un insulto vago. Las corrientes posmodernas, con su desconfianza hacia los «grandes relatos», contribuyeron a este desarme teórico, fragmentando la crítica y dificultando para la clase trabajadora la comprensión de la globalidad capitalista. El resultado fue una desorientación estratégica, una incapacidad para conectar los puntos entre la explotación económica, la opresión nacional, la guerra y la destrucción ecológica.
Es precisamente para combatir esta desorientación que nace el proyecto Lume Vivo («Fuego Vivo»). No surge de un vacío académico ni de una iniciativa editorial convencional —no es el lucro económico o el prestigio lo que nos mueve. Es la decantación natural de un proceso colectivo, forjado en las tertulias y debates del colectivo antiimperialistas.com durante los días inciertos de la cuarentena. En aquel encierro global, mientras el sistema mostraba sus costuras más frágiles, un grupo de militantes sintió la necesidad imperiosa de rearmarse teóricamente, recuperando las herramientas críticas para entender un mundo en convulsión. Lume Vivo es, por tanto, la materialización de esa necesidad: una publicación que aspira a ser una llama para el debate, un faro para la acción.
No es casualidad que su andadura comience con la publicación de esta entrevista en profundidad con Iñaki Gil de San Vicente. Para inaugurar un proyecto que busca sentar las bases de un debate antiimperialista riguroso y actual, era necesario recurrir a una de las voces más lúcidas y comprometidas del marxismo contemporáneo. Pensador y militante de una vastísima trayectoria, enraizado en la lucha más comprometida del Movimiento Nacional de Liberación Vasco, Gil de San Vicente encarna la síntesis entre el estudio profundo de la teoría y el compromiso inquebrantable con la praxis. Su pensamiento, afilado en el análisis de El Capital y forjado en las luchas del pueblo vasco, no es una reflexión abstracta, sino una herramienta para la intervención política.
La conversación que se despliega a continuación es mucho más que una simple entrevista, supone un seminario intensivo, un recorrido exhaustivo por la genealogía, la anatomía y el porvenir de la lucha antiimperialista. El diálogo arranca sentando las bases, explorando cómo Marx y Engels anticiparon una teoría que sería desarrollada plenamente por generaciones posteriores. Se sumerge en el aporte monumental de Lenin, analizando El imperialismo, fase superior del capitalismo no como un texto sagrado e inmutable, sino como un método de análisis vivo, cuya esencia sobre la fusión del capital bancario e industrial, la exportación de capital y el reparto del mundo sigue siendo una clave maestra para descifrar el presente.
Desde allí, nuestra conversación avanza para mostrar cómo la teoría se enriqueció y transformó al calor de las luchas concretas. Se examina el papel crucial de la III Internacional en su intento de forjar un frente mundial que trascendiera las fronteras de Europa y, sobre todo, se da el protagonismo merecido a las aportaciones decisivas de los movimientos de liberación del mal llamado «Tercer Mundo». La grandeza de esta entrevista reside en su capacidad para tejer un hilo rojo que conecta la teoría europea con la praxis descolonizadora de África, Asia y Nuestramérica.
Y discurriendo la senda de nuestras más profundas tradiciones de lucha y resistencia, nos adentramos en el pensamiento de Frantz Fanon, para quien la violencia revolucionaria no es solo un acto táctico, sino un proceso catártico de desintoxicación psicológica y de rehabilitación del colonizado. Exploramos junto a Ngũgĩ wa Thiong’o cómo la «bomba cultural», la imposición de la lengua y la visión del mundo del opresor, constituye un arma tan letal como las bayonetas y cómo la lucha por la memoria y la cultura propia se convierte en un frente de batalla indispensable.
El resultado es un mapa conceptual de una riqueza extraordinaria. Gil de San Vicente, con su característica pedagogía militante, desentraña la dialéctica indisoluble entre lucha de clases y liberación nacional, demostrando que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. Nos ofrece las claves para entender por qué la autodeterminación de los pueblos no es una concesión abstracta, sino una condición material para debilitar al imperialismo. Y finalmente, nos interpela sobre las tareas del presente: qué tipo de organización, qué formas de contrapoder y, fundamentalmente, qué internacionalismo político necesitamos para enfrentar a un capital que en su fase senil y cada vez más destructiva nos arrastra hacia la barbarie.
Este texto, por tanto, no es solo el brillante número inaugural de Lume Vivo. Es un documento fundamental, una brújula precisa para navegar la tormenta de nuestro tiempo. Es una invitación a pensar dialécticamente para actuar, en consecuencia, una herramienta para todos aquellos que entienden que el antiimperialismo no es una opción, sino una necesidad histórica. Una llama viva para iluminar los caminos de la emancipación en un mundo que clama, con urgencia, por ser transformado de raíz.
1. ¿Cómo definirías el antiimperialismo desde una mirada marxista?
El antiimperialismo es la síntesis profunda de todas las luchas contra el capital, es el hilo rojo que conecta a las resistencias que se enfrentan directa o indirectamente al capitalismo y, sobre todo, lo es de las que superan la fase de resistencia democrático-radical para avanzar a la de construcción de fuerzas comunistas. En el capitalismo actual no existe ninguna situación ni área social que esté libre del control —abierto o encubierto, cercano o lejano— del imperialismo, como veremos, lo que hace que cualquier reivindicación local y aislada que parezca serlo tiene, sin embargo, un contenido objetivo antiimperialista al margen de la capacidad subjetiva de sus participantes, incluso si estos no niegan y rechazan.
En el capitalismo actual, el antiimperialismo tiene muchos más frentes de lucha por el socialismo y la independencia de los pueblos que nunca antes, de los que existían en 1916, hace 109 años, cuando Lenin escribió —y autocensuró— su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo para burlar la represión zarista. No es que estemos bajo otro capitalismo cualitativamente diferente, algo parecido a la moda reaccionaria que parloteaba sobre la «globalización», la «nueva economía», la «economía inteligente e inmaterial», o sobre el «imperio» y la «multitud» negrista, o sobre los «significantes vacíos», etc. No, no existe ningún «nuevo» capitalismo que anule definitivamente el valor teórico y político de la teoría marxista del imperialismo.
El capitalismo actual sigue siendo esencialmente el mismo que el de 1916, que el de 1900 cuando empezó a estudiarse qué era aquella novedad que llamaban «imperialismo», que el de 1894, cuando Engels constató la importancia que había adquirido el entonces llamado «capital-dinero» —y ahora «capital financiero»—; el mismo que el de 1867, cuando se editó en El Capital y en sus borradores que se publicarían en 1885, 1894 y 1905. El núcleo del capitalismo no es otro que la explotación de la fuerza de trabajo para acumular capital, que será reinvertido en ampliar esa acumulación. Las crisis genético-estructurales del capital surgen precisamente cuando se ralentiza y luego se detiene esa acumulación por diversas razones. Como veremos, el salto de la fase colonialista a la fase imperialista fue precisamente una consecuencia de las medidas burguesas para salir de la crisis de acumulación de la primera Gran Depresión de 1873-1899 mediante una serie de medidas que, en su conjunto, muestran lo que era el imperialismo en el primer tercio del siglo XX.
Desde la Segunda Guerra Mundial, desde 1945, el imperialismo, como veremos, desarrolla nuevas formas sin por eso dejar de ser imperialismo —de la misma forma que a una escala cualitativa superior, el capitalismo sigue siendo el mismo en esencia desde los siglos XVI-XVII, aunque haya transitado por expresiones, formas y fases sucesivas adecuadas a las diversas áreas explotadoras mediante las que se intenta expandir la acumulación. Es cierto que la categoría de esencia es fundamental aquí como en todo, de la misma manera que lo es la unidad de contrarios de esencia e fenómeno— pero no podemos desarrollarlas ahora más que en lo básico.
La esencia es lo que identifica un proceso, lo que distingue a una cosa frente a las demás, lo que determina su cualidad específica y diferente de las demás cosas y procesos. El fenómeno es la expresión externa que va adquiriendo la esencia en su movimiento y complejización crecientes. El fenómeno expone algunas de las características de la esencia a la que está unida y de la que es inseparable, y puede llegar el momento en el que esencia y fenómeno se unan y luego se separen, de modo que el fenómeno se transforme en la esencia de otro proceso nuevo y viceversa.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo empezó a mostrar fenómenos, formas y continentes nuevos que reflejaban la complejización de su esencia, es decir, que, por un lado, se agudizaban sus características esenciales y, por otro lado, en su interior se desarrollaban otras nuevas no existentes hasta entonces. Es muy fácil recurrir a la invención de la bomba atómica como ejemplo del inicio de la nueva fase del imperialismo, lo cual es cierto, pero insuficiente porque la bomba es solo la expresión más brutal de unas transformaciones del capitalismo que se iniciaron a raíz de la segunda Gran Depresión de 1929, una crisis genético-estructural surgida de las entrañas del imperialismo. A lo largo de las páginas que siguen iremos viendo lo que va envejeciendo, lo que es permanente y las formas nuevas en las que se presenta el capitalismo y el imperialismo.
2. ¿Cómo anticiparon Marx y Engels una teoría antiimperialista? ¿Cuáles son las raíces teóricas del imperialismo dentro del marxismo?
Buena parte de la obra de Marx y Engels se elaboró mientras no existía aún la palabra «imperialismo» o apenas era utilizada desde 1860 en adelante tanto en políticos franceses como, sobre todo, por ingleses ya lanzados abiertamente a expandir su capitalismo a costa de los pueblos del mundo, sobre todo de los que habían sufrido poco o nada el saqueo colonialista, tal como lo explicaba brutalmente el primer ministro británico Disraeli en 1878. Pero, para entonces, Marx y Engels ya habían leído, criticado y superado las ideas de Hegel sobre la universalidad, y ya habían hablado de la tendencia del capital a la mundialización de sus fuerzas productivas, e incluso en 1852 utilizan el término «imperialismo» pero en su connotación de dominio político de Napoleón III. Desde 1860, Francia, EE. UU. y más tarde Alemania empiezan a proteger sus economías frente a la potencia británica.
Marx y Engels ya habían criticado ferozmente el colonialismo y estudiaban con ahínco la creciente resistencia de los pueblos precapitalistas a las invasiones occidentales. Ya se habían posicionado abiertamente por la independencia revolucionaria de Irlanda y Polonia, por la justeza de la rebelión anticolonial india de 1857 —inhumanamente aplastada—, así como la de otros pueblos. Es muy ilustrativa su opinión de que la independencia polaca e irlandesa exigía una radical reforma agraria que devolviera el poder al pueblo, y en el caso irlandés esta tesis se concreta aún más: Irlanda necesita independizarse políticamente de Inglaterra, y a la vez necesita una revolución agraria y una protección aduanera que proteja su economía de los tentáculos ingleses. Hoy estas propuestas engarzan directamente con las luchas de independencia antiimperialista y socialista de los pueblos.
También son muy importantes para el tema que nos ocupa, sus ideas sobre la capacidad de resistencia anticolonial de los pueblos y Estados con propiedades comunales, con comunas campesinas, pueblos que las defendían tenazmente, resistencias que adelantaban muchas de las luchas antiimperialistas actuales en defensa o en recuperación de sus recursos colectivos. En la década de 1870, Marx y Engels llegaron a la conclusión de que las revoluciones ya no empezarían por y en Europa, sino que lo harían en Asia y especialmente en Rusia. Su visión de la lucha de clases mundial se estaba enriqueciendo al estudiar las resistencias anticoloniales de pueblos precapitalistas, y el impacto en la capacidad de alienación, soborno e integración del proletariado occidental gracias a que las sobre ganancias obtenidas con el colonialismo le permitía hacer algunas pequeñas reformas y concesiones sociales. En 1916, Lenin llamaría «aristocracia obrera» a estas capas sociales integradas en el orden burgués.
Estas y otras opiniones de Marx y Engels eran inseparables del desarrollo teórico que, para lo que ahora nos interesa, podemos sintetizar en la teoría de las crisis, o más concretamente en la ley general de la acumulación de capital y en la ley tendencial de caída de la tasa media de ganancia. La necesidad ciega del capitalismo para aumentar sus ganancias —necesidad que sufre crecientes obstáculos por el descenso de los beneficios— lo lleva a expandirse por el mundo a cualquier precio. Marx expuso las contramedidas que frenan a medio y largo plazo la tendencia a la caída de las ganancias que ahora podemos actualizar así: aumentar la explotación; abaratar los costos; aumentar la productividad; ampliar mercados; aumentar la demanda; deslocalizar empresas y exportar capitales, etc., pero en última instancia, provocar guerras con dos fines básicos: saquear, expoliar, robar, y destruir fuerzas productivas, destruir competencia, para intentar reiniciar otra fase económica expansiva de acumulación de capital, que es lo decisivo.
Estas y otras reflexiones críticas surgían de la urgente necesidad de descubrir las causas socioeconómicas de las atrocidades que cometían las grandes potencias que transitaban del colonialismo y la fase imperialista que estaba a punto de irrumpir definitivamente. La crítica teórica iba unida a la crítica práctica, y desde 1884 se endurece en Alemania el debate sobre el gasto militar y sobre el colonialismo. En 1885, a los dos años de muerto Marx y mientras Engels estaba sumergido en el desciframiento de sus «jeroglíficos», el socialista E. Belfort Bax, publicó un libro pionero sobre imperialismo y socialismo que fijó ideas centrales como la de que el imperialismo buscaba países que invadir con sus excedentes. A finales de esa década de 1880, el norteamericano Wilshire, socialista radical, empezó a estudiar el origen y el desarrollo del capital monopolista en EE. UU. como efecto de las leyes de concentración y centralización descubiertas por Marx unos años antes, y en 1901 publicó otro libro pionero al respecto.
Mientras tanto, Engels escribió La bolsa en 1895 en el Prólogo al Libro III de El Capital, un textito que es una de sus últimas obras, donde explica en 7 puntos cómo ha evolucionado el capitalismo desde la primera edición de El Capital casi treinta años antes cuando la bolsa era un «elemento secundario» en cursiva por el autor, como indica en el punto 2 en comparación con el decisivo papel de la banca a finales del siglo XIX. En el punto 6, Engels sostiene que todas las inversiones extranjeras son en acciones y en el punto 7 dice que el colonialismo de entonces es «una simple sucursal de la bolsa» al servicio de la cual las potencias se reparten el mundo.
La bolsa es una crítica radical de las nuevas formas del capitalismo, lo cual no podía ser aceptado por la corriente reformista que crecía en la II Internacional. Que Engels iba por delante de los economistas burgueses lo vemos en que uno de sus más importantes, el yanqui Paul Reinsch, publicó en 1900 una investigación que corroboraba lo que Engels había dicho cinco años antes: el papel de la Banca en la financiación de proyectos en el extranjero. Una de las cualidades de Lenin fue la de recoger lo bueno de este autor e integrarlo en su obra.
Mientras tanto, en 1896, Bernstein atacó la teoría marxista defendiendo el «colonialismo bueno», «civilizador», el que lleva la paz y el bienestar a los «atrasados y salvajes». La discusión sobre el colonialismo se intensificó desde entonces. En 1900 se celebraron dos debates sobre el imperialismo: el SPD, en Alemania, y la Internacional Socialista en París. En ambos, Rosa Luxemburg destacó por su profunda crítica al militarismo como una de las nuevas características del capitalismo del momento. Todavía faltaban 12 años para que escribiera su obra La acumulación del capital, como veremos, y ya empezaba a ser señalada como una de las representantes más sólidas de la izquierda marxista. Para 1901, Kautsky había concretado algo sobre el avance del colonialismo y las tareas sindicales al respecto, insinuando algunos puntos que luego se multiplicaron con el imperialismo.
En 1902 Hobson, que no era marxista, sino una especie de socialdemócrata que quería reformas en beneficio del pueblo popularizó definitivamente el término de «imperialismo» que, según él, surgía sobre todo de la necesidad de los países enriquecidos para colocar sus capitales excedentarios en otros países, reduciendo así la posibilidad de crisis internas. Lenin leyó a Hobson en ese mismo año en su viaje a Londres y guardó las citas realizadas hasta que las recuperó en 1915. Por aquel entonces Hobson fue poco conocido por los estudiosos de la economía. Para Lenin, este autor era «útil en general» —porque ofrecía en su tiempo una visión teórica que aunaba muchas visiones parciales.
Los debates sobre el colonialismo, el militarismo, la guerra, y en menor medida aún sobre el imperialismo en concreto, se iban endureciendo y en 1905 Kautsky —al que volveremos— atacaba directamente a la corriente de Bernstein al estudiar la victoria de Japón sobre Rusia. También en 1905 y 1907 Otto Bauer, teórico austro-marxista, publicó dos textos sobre colonialismo y opresión nacional en los que hablaba explícitamente del imperialismo y el derecho de las nacionalidades a la autonomía nacional y cultural, aunque sin romper con el dogma del Estado unitario, centralizado política y culturalmente descentralizado. Mientras tanto, el primer genocidio registrado con tal nombre fue el del pueblo herero, en Namibia, realizado por Alemania, encrespando aún más el debate en la II Internacional en 1907 —año en el que también se realizaron otros congresos y debates en lo que ya el imperialismo y el militarismo se equiparaban totalmente al colonialismo. Por su importancia, volveremos a ellos en la respuesta a la siguiente pregunta.
Por debajo de estas discusiones cada vez más tensas bullían contradicciones esenciales del capitalismo desde su embrionario origen, por ejemplo: a partir de la opresión etno-nacional inhumana del esclavismo portugués en África desde la mitad del siglo XV y de la invasión de Nuestramérica desde finales de ese siglo. De estas brutalidades al genocidio de los hereros en Namibia por Alemania, pasando por la ensangrentada historia intermedia, hay un largo trecho cada vez más violento marcado por la dialéctica entre la lucha de clases interna y las guerras de expansión colonialista. La revolución de 1905 mostró crudamente el devenir de las contradicciones y a la vez abrió una nueva dinámica práctica y teórica sin la cual no entenderemos parte del impacto de Lenin.
3. ¿Qué aportó Lenin con su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo?
Las contradicciones agudizadas por la revolución de 1905 dentro de la II Internacional estallaron en 1910 al enfrentarse quienes defendían la huelga general revolucionaria para tomar el poder, y quienes, al contrario, defendían el parlamentarismo burgués como la única y excluyente vía pacífica y gradual al socialismo. Si bien en aquellos momentos no se discutió exclusivamente sobre el imperialismo, sí empezaron a marcarse las posiciones que chocarían más adelante. La parte reformista representada por Kautsky sostenía que el imperialismo no era una necesidad socioeconómica ciega, objetivamente necesaria, que surgía de la esencia del capital para........
