menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Bombas, hiperinflación y crisis alimentaria

19 0
23.03.2026

La crisis energética global llama a la puerta. No se trata de pérdidas y ganancias empresarias en los mercados y sus bingos oficiales y paralelos.

El golpe lo recibirán las personas en las boletas de gas y electricidad, en las estaciones de servicio, en los supermercados y negocios del barrio, fábricas y talleres, escuelas y hospitales.

A pesar de los esfuerzos por mantener el precio del petróleo, la cotización aumenta. Se suma la sombra de una agricultura ineficiente para alimentar al planeta. Por Ormuz pasa alrededor del 40% de los fertilizantes agrícolas. EEUU, Arabia Saudita, Qatar, Irán, están entre los principales productores de urea, que se obtiene del Amoníaco anhidro y el Dióxido de carbono, derivados del gas natural a través de un proceso de reformado de metano con vapor.

La urea es el fertilizante nitrogenado más utilizado en los sistemas agrícolas. Las campañas de este año corren peligro y, por ende, las próximas cosechas. Si la guerra se extiende solo 90 días, buena parte del globo perderá altísimos porcentajes de producción. Una buena despensa con harina no es desaconsejable.

Italia tiene 5 bases norteamericanas y 125 OTAN. Alrededor de Irán más de 27 bases de EEUU controlan Medio Oriente. Muchas fueron destruidas por los misiles iraníes. Hay bases yankis en Europa y Asia. Un fantasma psicótico recorre el mundo.

Adam Smith, padre del liberalismo, creía que las restricciones al comercio limitan el crecimiento económico y el bienestar general. La mutación neocapitalista lo niega. Los aranceles de Trump hacen tiránico el manejo de la economía por parte de EEUU.

Trump reclama una santa alianza para armar la cruzada a Ormuz. Nadie aceptó. El estrecho está bajo poder iraní y la arquitectura capitalista sacude sus cimientos. No comenzó con este ataque a Irán el problema capitalista. Las bombas sobre Irán son el resultado de una crisis que se arrastra hace varias décadas y que busca su medicina en los recursos del pais persa. A medida que se anuncia con más claridad un futuro multipolar mundial, el bulismo anglosajón recrudece. El planeta aun paga el trauma de la pandemia (donde se enriquecieron los laboratorios farmaceuticos), ahora es el tiempo de los polos industriales armamentistas. Son solo unos pocos años en la historia humana, algo imperceptible, pero generan en su momento crisis agudas y a futuro bases de sustentación de nuevas arquitecturas que pueden resultar terminales.

Trump parece dirigir sus discursos y declaraciones hacia una platea de machos-alfa de algún club de pistolones rellenos de esteroides. Demuestra tener la amenaza pronta y más grande que cualquiera y habla de asesinar y destruir sin vestigio moral alguno.

Ya lo saben en Groenlandia, Venezuela, Cuba, Irán. Entiende que puede hacer lo que le venga en gana (hasta para divertirse) en cualquier momento. Teherán por ahora, y a pesar de la enorme destrucción del país, le ha dicho «hasta aquí y basta» y eso lo ha descolocado. La creciente oposición interna más los archivos Epstein lo ponen incómodo en su soberbio narcisismo. Las voces institucionales que repiten que Irán no representaba una amenaza para EEUU abren un terreno de debate y duras contradicciones.

Las pérdidas materiales y humanas son cuantiosas. La censura no nos permite conocer datos firmes en Irán, Israel y las bases norteamericanas. Pero los misiles que caen por todos lados producen resultados. Irán no está derrotado, como afirma EEUU. Drones y misiles continúan golpeando objetivos en el Golfo e Israel e incluso han ahuyentado a la flota yanqui de las inmediaciones.

Irán e Israel utilizan bombas de racimo. Tel Aviv las lanza sobre Líbano, Teherán sobre Israel. Están prohibidas por los acuerdos de Oslo. Tanto Israel como Irán no han firmado ese tratado.

Después del ataque israelí al campo gasífero de South Pass en Irán (el subsuelo con gas se extiende hacia Irak y es el más grande del mundo), Irán ha desplegado masivos bombardeos sobre plantas de energía en el Golfo, en Qatar humea una gigantesca planta de gas licuado. Impactó tan fuertemente este ataque que Trump se vio obligado a reprender Israel y a prometer a Irán que no se volverá a atacar un objetivo energético. Busca resguardar sus intereses o salvar algo de la debacle.

Israel bombardea Beirut, asalta el sur de Líbano y prepara una invasión a largo aliento. No es solo contra Hezbollah. La crisis en Medio Oriente no va a terminar pronto y los residuos de esta violencia alimentarán nuevas discordias. La hegemonía norteamericana en la región parece resquebrajada y esto debilita a Israel que se ha escudado en ella por décadas. Desde el plano cultural y religioso, Irán está fortaleciendo su influencia en el Golfo. Para el mundo islámico el martirio del ayatollah y las pérdidas de altos funcionarios iraníes no tienen el mismo sentido que para EEUU.

Tal vez no lo entiendan en Washington y esto los impulse una vez y otra a acciones que fracasarán estrepitosamente. Con miles de bombas y misiles no pueden ocuparse paises e implantar nuevos gobiernos. Una acción terrestre implicará cientos de miles de tropas y para llegar a Teherán sucederán muchas cosas que el pueblo norteamericano no aceptará fácilmente. La destrucción de Israel, cuyas defensas aéreas parecen indiferentes a los bombardeos iraníes y de Hezbollah, puede significar un punto de inflexión en el conflicto.

gabriel impaglione Ilustración Kaosenlared


© Kaos en la red