Venas de dolor y orgullo
Por mucho que no se quiera pensar en la madrugada del 3 de enero, la vida y los recuerdos hablan más fuertes. Es como si nos sacudieran la mente buscando respuestas de forma constante. «Caracas está siendo bombardeada», me dijeron, me despertaron de un tirón... Y yo que conozco bien sus cerros y pureza me resistía a creerlo, a aceptarlo.
Duele pensar que el cielo de una ciudad tan auténtica como pacífica, esté siendo vilipendiado sin pudor... cobardemente, por los mismos villanos que acentúan en la historia su olor a venganza, metralla y sangre, mientras un emperador y sus secuaces disfrutaban el crimen —no sin antes comerse las uñas— dentro de una improvisada «sala de cine» al sur de la Florida.
Esa noche, el gigante de las siete leguas mancilló sin razón otro cielo soberano. Uno más en su lista infinita de agravios contra la humanidad. Sembrar la muerte es el apetito codiciado de los imperialistas, su receta predilecta para arrodillar a quienes los enfrentan y no acatan su «destino manifiesto». Bien lo sabemos........
