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Nuestro único destino manifiesto

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04.01.2026

Hace menos de un mes visité Caracas, en el contexto de la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Solidaridad Internacional, para respaldar a la Revolución Bolivariana de Venezuela frente a los cantos de la guerra que han estado oyéndose en las costas caribeñas. Los imperios, en cualquier época, han sentido en la paz de los otros su principal amenaza. Y así lo dejaron bien claro con Venezuela: apostaron a una guerra de desgaste brutal, a escalas inusitadas.

En Caracas la vida fluía con la tranquilidad de un pueblo bravo y alegre que celebraba las fiestas navideñas con absoluta nobleza. Nadie olía la pólvora del imperio de Trump entre las calles y cerros de la hermosa ciudad. ¿Y saben por qué? Porque cuando la vida se sostiene con la verdad, no se le teme a las consecuencias que puedan venir. 

Fueron cuatro meses de asedio constante, de declaraciones absurdas, de burdas mentiras y manipulaciones, hasta que este sábado en la madrugada, como buenos cobardes —porque lo son: ¡cobardes!— que apuntan y atacan por la espalda, sacudieron con ataques aéreos esa tranquilidad, sacudieron la vida de cada barrio y comuna caraqueña y de otros estados cercanos al distrito capital.

¡Qué bajeza la de cantar victoria luego de arremeter contra instalaciones y civiles, mientras una ciudad dormía! 

No hubo un solo pretexto, una sola razón........

© Juventud Rebelde