Una película de fe, abrazos y fusiles
Con el paso del tiempo me convenzo más de que hay pasajes de nuestra memoria nacional que necesitan ser despojados de la cáscara gris de la repetición. Son hechos que piden a gritos un relato que despierte la piel y se conecten con los sentimientos.
¿Cuántas veces hemos leído, en textos escolares, por ejemplo, la quema de Bayamo o el rescate de Sanguily con una frialdad que casi los convierten en estadísticas? Igual puede ocurrir con episodios más recientes, como la Batalla de Guisa o aquel instante fundacional en Cinco Palmas, el 18 de diciembre de 1958.
De este último siempre se repite lo mismo: «el abrazo de dos hermanos», «los siete fusiles y ocho hombres». Y se queda ahí, como un verso aprendido de memoria.
Sin embargo, detrás de esa frase hecha hay una odisea de carne y hueso. Merece, al menos, una buena producción cinematográfica, que explique y sacuda. Una que nos ponga en los zapatos de aquellos ocho expedicionarios durante 13 días de angustia pura.
¿Qué pasaba por sus cabezas, sabiendo que varios de sus compañeros ya habían caído........
