Lo que todavía me atrevo a pedir
Tal vez, al leer estos renglones, algunos piensen que estoy ebrio en exceso o que, como decían en el campo, me dio «la luz del rayo». Otros dirán que estoy repitiendo inútilmente un rito de diciembre. Pero sigo creyendo que poco cuesta soñar, aunque la almohada se haya tornado más dura que una roca.
Por eso ahora mismo pido para 2026 que la fiebre no sea un huésped habitual en nuestros cuerpos, ni las arbovirosis paisajes silenciosos en cada jornada.
Deseo que la oscuridad nos visite con mucha menor frecuencia, especialmente en el largo verano, en el que se conjugan zumbidos y calores poco menos que insoportables. Que las luces físicas y otras intangibles no sean lujos, rarezas, fanfarrias. Que el carbón y el humo no se sigan extendiendo como «alternativas».
Aspiro a que la cuenta matemática del mes deje de ser un rompecabezas angustiante; que el esfuerzo de un día de trabajo empiece a pesar más que el precio de lo que se vende en carretillas o en una descolorida esquina. Que tengamos más puntería para anotar la canasta necesaria, esa que gana el difícil........
