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Si así llueve, que no escampe

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wednesday

Para llegar donde Feliciano García hicimos camino por carretera desde Maturín hasta los Barrancos de Fajardo, un pequeño poblado que vive del espigón que lo arrima al río Orinoco. Las dos horas para embarcar el taxi en la chalana es el tiempo de mirar las casas y las gentes. Más allá del cristal, una niña limpia el entorno de su puesto de ventas de aceites, lubricantes, líquidos de freno y aguas destiladas; junto a las estanterías improvisadas está la hermana más pequeña al cuidado de la mercancía, mientras la otra barre en círculos que no terminan nunca y no llevan a la escuela ni al bachillerato y le hunden su tiempo y su vida allí, junto a la carretera y las colas de autos, camionetas, gandolas y jeeps.

Antes de embarcar en la chalana, con la bandera de Venezuela y la inscripción de Ciudad Guayana en el mástil, los ojos lo detallan todo como para fijar en la retina este espacio recóndito y singular de la geografía. Luego, la mirada se pierde en las profundidades del Orinoco portentoso, que uno imagina temible si se enfurece o se........

© Juventud Rebelde