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Cuando el verano olía a cabra

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18.07.2026

Cabras alimentándose en una explotación de Elche. / AXEL ALVAREZ

Durante muchos años me pareció de lo más normal que un centenar de cabras atravesara mi calle al caer la tarde.

El verano tenía un orden que nadie discutía. Me levantaba temprano, desayunaba viendo Los ricos también lloran y salía corriendo hacia la playa. Por la tarde, cuando el calor empezaba a aflojar, llegaban las cabras.

No recuerdo si pasaban todos los días o cada quince. Lo que sí recuerdo es el orden de las cosas. Primero sonaban los cencerros. Después llegaba el polvo. Luego aquel olor áspero, imposible de confundir con ningún otro. Solo entonces aparecía el pastor.

Caminaba solo. Llevaba una vara de olivo que hacía silbar el aire de vez en cuando y dos perros sucios, de una raza imposible de adivinar, pero listos como nadie. En cuanto una cabra amagaba con escaparse hacia el barranco,........

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