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La izquierda y el caleidoscopio

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la Conferencia de Embajadores y Embajadoras de España acreditados en el exterior, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, a 8 de enero de 2026, en Madrid (España). La Conferencia, que tiene como lema ‘España un actor global’, ha dado cita a la mayoría de los 130 embajadores españoles acreditados en todo el mundo para analizar el actual panorama internacional. 08 ENERO 2026 Carlos Luján / Europa Press 08/01/2026. Pedro Sánchez;Carlos Luján;category_code_new / Carlos Luján / Europa Press

No es cosa de cada mes, de cada semana; es asunto de cada día. Los convulsos movimientos de Trump y sus ondas sísmicas alteran el vivir, esparcen angustia y auguran lo peor. No sabemos qué es lo peor, pero muchos lo dan por hecho, aunque aún no tenga nombre ni rostro. Digo muchos, no todos. Porque diríase que, para la derecha española, aunque en parte desprecie a Trump, así como para la ultraderecha mundial, la cosa no es tan grave. Este es el primer movimiento triunfal de Trump: mírese en España la desazón del PP, el ridículo de Feijóo. En nombre de no sé cuántos valores la derecha ha renunciado a buena parte de la democracia, pensando que un sistema donde no triunfen sus principios no es democracia. Hasta Venezuela ha convertido al PP en un abrevadero de despropósitos: han ganado los suyos, han perdido los suyos. Política Schrödinger en Caracas.

Pero… ¿Y la izquierda? Tendrá que asumir que su principal labor es la defensa de la democracia. Aunque ello suponga aplazar algunas promesas -que, de todas maneras, tampoco se realizarían en un régimen autoritario y violento- y a diseñar otros senderos de gloria. Gana la derecha: la cuestión es cómo organizar el repliegue. Estas líneas proponen cuatro líneas de análisis de por qué la izquierda, quejumbrosa y pasiva, no parece muy centrada en reorientar su brújula.

1.- Lo que está sucediendo no es algo nuevo. Podemos mirar la Historia, siempre que no nos empeñemos en refugiarnos en ella. De lo que se trata de entender es que las decisiones geoestratégicas de largo alcance anclan su esencia en un mundo global y complejo y que sucesos como el de Venezuela tienen numerosos precedentes y una cultura dispuesta a aceptarlos. Otra cosa es que lo sucedido no está en una dinámica de bloques ni en una economía tan sofisticada. La atribución de desgracias a la locura o maldad de alguien sirve de poco. Pero tal actitud incita preguntas que son inquietantes porque esa complejidad se coagula en un cruce de cuestiones morales........

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