Guerras repugnantes
No hace falta ser muy lumbreras para discernir entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo sano y lo enfermo. La pregunta entonces es por qué nos cuesta tanto conseguir discriminar, sin remordimientos y sin muchos quebraderos de cabeza, entre estos opuestos.
Nos las ingeniamos para enmascarar con gran maestría las mentiras, y las llamamos mentiras piadosas, pero no dejan de ser mentiras. Una vez cazados infraganti, justificamos muchos comportamientos que son claramente disparatados e intentamos matizarlos con multitud de excusas para romper las disonancias, como aquello de no quería hacerlo, no fue mi intención, no volverá a ocurrir, entre otras reflexiones manidas o tópicas.
Las sociedades........
