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Del patio del colegio al poder

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11.03.2026

Del patio del colegio al poder

Creo que cualquier persona que lea este artículo recordará alguna situación escolar en la que alguien se levantaba de su asiento, gritando, amenazando, agrediendo o humillando a un compañero de clase, mientras algunas jaleaban al acosador y otras guardaban silencio.

Ese silencio se convierte en la primera victoria del «matón» y, de esa situación, se desprende que estamos aprendiendo a obedecer al acosador.

Después de haber trabajado más de veinte años como mediador en conflictos en diferentes centros educativos públicos, tras haber intervenido en cientos de casos graves y muy graves, creo que puedo describir el patrón de enseñanza-aprendizaje que imprime el «matón» y los factores que lo describen.

El primer factor es fundamental: los espectadores. Todo «matón» que se precie debe generar expectación, casi siempre a través de «bravuconadas», alardes de valor y desafío al poder que representa el maestro o la maestra.

El segundo factor se centra en el impacto que tenga el primero en el grupo-clase, ese impacto se manifestará como silencio ante la conducta del bravucón, todo el mundo callará, el alumnado intentará cerrar sus ojos, sus oídos y sus bocas ante el espectáculo desagradable que están presenciando.

La permisividad y la inhibición del grupo-clase se constituye como tercer factor a tener en cuenta en el estudio del comportamiento del acosador. Estas reacciones aparecen como estrategias adaptativas primarias, creo que la mayoría de las personas lectoras han optado por callar y pasar desapercibidas ante una demostración violenta del agresor.

La proximidad del comportamiento del matón, a las formas de ostentar el poder de algunos padres, madres y/o docentes, legitiman en parte la forma de actuar del bravucón, este factor demuestra que el miedo es el arma definitiva para controlar a las personas desde bien jovencitas. El miedo se erige como parte principal del mecanismo disciplinario elegido por el citado «matón», un mecanismo primario, eficaz y de muy fácil utilización, el acoso escolar.

Existen más factores pero creo que estos son los fundamentales para entender cómo funciona el acoso escolar que ejercen los violentos a través de la instauración del miedo, demostrando que poseen el poder y sabiendo que es el grupo el que construye al «matón» a través del miedo percibido.

Recordemos que las manifestaciones de acoso escolar establecen los límites de lo aceptable, por lo que, si el grupo-clase permite la conducta del intimidador, lo acepta implícitamente. El acoso escolar penaliza la diferencia y señala al vulnerable visible, lo identifica y difunde esa identificación para hacerlo saber.

Al mismo tiempo, genera control social sobre el grupo, facilitando que el vulnerable se convierta en chivo expiatorio que sirva de ejemplo al resto del alumnado. El grupo permitirá que el matón se ensañe con el vulnerable, pensando que mientras esté focalizando su atención en él no extenderá su conducta violenta hacia los demás.

El poder circula, se polariza y reproduce fácilmente, como decía Foucault, cuando la comunidad interioriza el miedo y lo elige como herramienta de control social. Actualmente podemos reconocer algunos modelos de liderazgo político basados en la intimidación y la instalación del miedo en las comunidades porque, recordemos que el miedo se ha convertido en tecnología política. Podemos identificar a algunos dirigentes de la comunidad internacional que interfieren en las políticas internacionales con estrategias de matón y estudiarlos para comprender perfectamente cómo funciona el acoso escolar.

Acabar con el 'bullying': los expertos abogan por poner el foco en los testigos silenciosos. / EP

Hoy día existe algún gobernante que, al principio, generó expectación con sus declaraciones amenazantes, desafiando a los poderes internacionales, actuó de forma beligerante después, dando algunos golpes de poder ante el silencio de la comunidad internacional y de su propio país, generó la inhibición hasta de las Naciones Unidas y finalmente somete, de alguna forma, a buena parte de nuestro mundo. Todos estos movimientos estuvieron acompañados por el reconocimiento y la legitimidad que le proporcionaron las nuevas tecnologías aplicadas a las redes sociales. Podemos intentar identificar a tal gobernante con un margen de error mínimo, ¿verdad?

Sin darnos cuenta, casi, hemos experimentado un proceso de acoso manifestado a escala internacional, retransmitido por los noticieros y las RRSS cada día, cada hora, cada minuto, haciendo tambalear los poderes democráticos de todo el planeta. Si todavía no hemos solucionado el fenómeno del acoso escolar en las aulas, si todavía imperan los disparos, la violencia y la agresión en las escuelas, ¿cómo esperamos que sobreviva la democracia en una comunidad sumisa al «matón» y dominada por el miedo?

Espero que nuestra democracia no se desgaste por los que amenazan, gritan, insultan y acosan, espero que el silencio de quienes aceptan el miedo como herramienta de orden social deje paso a una respuesta contundente contra el Matón. No debemos tolerar el acoso escolar porque, después, sufriremos las consecuencias en nuestras vidas.

Sabiendo que las democracias no desaparecen con la aparición del matón, pero sí se debilitan cuando la mayoría de los espectadores deciden mirar a otro lado y callarse, debemos reflexionar y decidir hacer frente a esos agresores, primero en nuestras escuelas y después en nuestra ciudad y en nuestro país.

Con esa decisión daremos forma a nuestra comunidad democrática y defenderemos nuestros derechos en libre convivencia.

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