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Ciudad taurina y novelera

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08.04.2026

08 de abril 2026 - 03:07

Dejó Rubén Amón su camiseta negra y la chaqueta de Prada guardada para enfundarse un elegante traje gris con corbata, y ante un escenario totalmente despejado (no sé de quién fue la idea, pero en cualquier caso aprovechable…), disertó en apenas media hora larga sobre Morante y alrededores para, con solo algunos toques de muleta a favor de corriente, meterse al público del Maestranza en el bolsillo. Previamente, su amigo Juan del Val, cuyos andares displicentes evocaban más la noche madrileña que otra cosa, ya nos había puesto en la pista sobre el pretendido contraste entre Sevilla y Madrid, con el reivindicado revival de la Fiesta como telón del fondo.

Estoy de acuerdo con la base del discurso de Amón, según la cual el sectarismo radical de cierta izquierda, representada como nadie en el ministro de Cultura, que ha arrastrado al PSOE, ha actuado como efecto dinamizador para la reacción contraria, con la paradoja de que, en el momento político y social más complicado, con los movimientos ecologistas bien posicionados en las estrategias globales de protección de los animales, la Fiesta haya alcanzado su mayor popularidad en los últimos años. A ello ha contribuido, qué duda cabe, la decidida apuesta por los gobiernos regionales de derechas (Madrid y Andalucía, mayormente) por los toros, poniendo a su disposición el recurso de las transmisiones televisivas, algo imprescindible hoy para garantizar una adecuada repercusión. También, la presencia de diestros que marcan una época, como el propio Morante de la Puebla, u otros taquilleros como Roca Rey. La fiesta de toros no se entiende sin los toreros, y así ha sido siempre, de ahí el mérito del nuevo empresario de Sevilla.

Pero ese sectarismo institucional bien denunciado por el pregonero no debe ser correspondido con otro sectarismo de tipo contrario, al que apunta esa cierta novelería tan propia de la ciudad, empezando por la propia autoafirmación de “ciudad taurina”, innecesaria y divisiva, aparte de redundante. Novelería cuyo primer síntoma ya fue la concesión excesiva de trofeos en la tarde de Resurrección, donde todos parecían encantados de haberse conocido. En la Fiesta, sobran talantes excluyentes y faltan estrategias bien construidas para defendernos (ahí la Fundación Toro de Lidia…); sobran políticos y futbolistas en el callejón y faltan buenos aficionados con criterio.

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