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La palabra más cara del mundo del trabajo

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05.08.2026

En la pantalla de LinkedIn, el aviso parecía una de esas convocatorias escritas para entusiasmar a quien todavía intenta entrar. Andrés Bilbao, cofundador de Rappi, buscaba a alguien que grabara y editara los videos de sus redes y las de 30X, su firma de inversiones. Pedía “alguien con hambre de aprender y ganas de crecer a lo bestia”. Cerca del final aparecía una precisión que cambiaba el sentido de todo: “Ojo, esto no es pago”.

La publicación se viralizó, fue cuestionada públicamente y terminó borrada. Bilbao explicó después que el texto había sido producto de errores operativos y que la posición sí contemplaba una remuneración mensual de 600.000 pesos colombianos por cuatro horas semanales. La aclaración corrigió la oferta, pero no cerró la discusión. En realidad, dejó expuesta la contradicción que había dentro de esa palabra.

El problema no es que las empresas busquen personas con hambre. Deberían buscarlas. El problema aparece cuando una virtud profesional empieza a utilizarse como sustituto de una parte del intercambio, como si las ganas de aprender redujeran el valor del trabajo o la ambición pudiera compensar aquello que una organización decide no ofrecer.

Hambre es una palabra que usamos como elogio. La decimos de los buenos vendedores, de los analistas que prometen y de los candidatos que nos impresionan en una entrevista. También la usamos al contar nuestros comienzos, porque permite convertir los años difíciles en una historia coherente sobre carácter, sacrificio y ascenso. El hambre importa. Ninguna organización crece sin personas que quieran aprender más rápido, asumir retos difíciles y llegar más lejos.

La cultura empresarial de las últimas décadas construyó una mitología alrededor de esa energía: fundadores durmiendo en la oficina, profesionales trabajando durante años por debajo de su valor, jóvenes aceptando cualquier condición para demostrar que merecían una oportunidad. Esa narrativa contiene una verdad —construir una carrera exige renuncias—, pero se vuelve problemática cuando deja de describir una elección personal y empieza a funcionar como modelo de contratación.

Una persona puede tener muchísima hambre profesional y, al mismo tiempo, necesitar que su trabajo sea remunerado. La ambición no paga el transporte, la alimentación ni........

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