Apple y Google: la alianza que Steve Jobs nunca habría querido ver
Hay una escena que empieza a volverse cotidiana.
Una persona frente a una pantalla, en silencio, pensando en voz alta. No escribe para alguien. No habla con alguien. Habla “con algo”. Le pide que le ordene ideas, que le recuerde, que le sugiera, que le diga por dónde empezar. La máquina escucha. Responde. A veces se adelanta. No parece un acto tecnológico. Parece un acto íntimo. Como si el pensamiento hubiera encontrado un nuevo lugar donde apoyarse. Esta escena resume lo que significa hoy la alianza entre Apple y Google que Steve Jobs nunca habría querido ver.
No el ícono pop.
No el fundador mítico.
Sino el hombre obsesionado con el control, la fricción, la forma, la responsabilidad de decidir.
Jobs creía que pensar costaba.
Que elegir implicaba renunciar.
Que la excelencia no nacía de la comodidad, sino del conflicto entre una visión y sus límites.
Que el diseño no era para hacer la vida más fácil, sino para hacerla más clara.
Por eso construyó Apple como se construyen las obras cerradas: con una voluntad central, con una lógica única, con una idea tan fuerte que todo lo demás debía alinearse a ella. Hardware, software, interfaz, experiencia: no como piezas sueltas, sino como un sistema que respondía a una sola mente.
Hoy ese mundo está cambiando.
Apple ha decidido integrar la inteligencia artificial de Google como parte del cerebro de su ecosistema. No como un accesorio. Como una capa central de razonamiento, de contexto, de anticipación. Una mente que “ve” la pantalla, que entiende lo que hacemos, que conecta........
