Perú: el país que espanta inversiones
La burocracia peruana se ha transformado en un laberinto kafkiano que desalienta, inclusive, al inversionista más paciente. Para quienes viven en el primer mundo, aquella maraña de trámites, requisitos repetitivos, plazos inacabables y decisiones arbitrarias no solo resulta incomprensible: es un mensaje claro de que el Perú no valora ni respeta el tiempo ni el capital de quienes desean apostar por su desarrollo. ¡Por esa razón, tantas iniciativas acaban abandonadas! No por falta de interés, sino porque el inversionista se cansa de esperar y le indigna sobrepagar.
No hablamos solo de una absurda cantidad de trámites, la mayor parte de ellos inconsistentes, inútiles y/o abiertamente malintencionados. Nos referimos a los tiempos: meses, cuando no años, para validar un expediente que en otros países se resuelve en días o pocas semanas. Hablamos también de la discrecionalidad del burócrata, que decide........
