El mar rojo se abre… ¿quiénes pasarán?
El Perú no está en calma; está contenido. Y cuando un país se contiene demasiado tiempo, no se estabiliza: se quiebra. Desde aquella elección del 12 de abril —profundamente cuestionada por amplios sectores ciudadanos— no hemos logrado reconstruir la confianza. Lo que debió ser un ejercicio democrático terminó convirtiéndose en una grieta abierta en el alma nacional. No se trató solo de votos, sino de legitimidad; y, sin legitimidad, no hay república que se sostenga en pie. Hoy vivimos una segunda vuelta que no ha unido, sino que ha partido al país en dos mitades irreconciliables: el Perú blanco y el Perú rojo. Dos visiones enfrentadas, dos narrativas opuestas, dos formas de entender el poder y la democracia. Y, en medio de esta división, el ciudadano común —el que trabaja, el que emprende, el que resiste— ha quedado atrapado en un campo de tensión política que no eligió, pero que ahora lo define. La imagen es potente, casi bíblica: como el mar abierto ante el........
