¿Celebrar o fingir? La Navidad de un país anestesiado
Faltan cinco días para la Navidad y la pregunta es inevitable, incómoda, casi prohibida: ¿tenemos los peruanos motivos reales para celebrar? Porque una cosa es la decoración, el consumo forzado y la sonrisa de vitrina; y otra muy distinta es la verdad que late debajo de la mesa. La hipocresía va por delante, vestida de luces, mientras el país se desangra en silencio. En la columna del 2024 advertimos sobre los políticos trucha, los Grinch peruanos enquistados en el poder, los Herodes modernos que no dudan en sacrificar al pueblo para sostener su impunidad. Hablamos del embustero Vizcarra, de la despreciable Dina B., y hoy, con justicia poética tardía, uno de ellos pasa la Navidad entre rejas, pero no nos engañemos: que uno caiga no significa que el sistema haya cambiado, el pantano sigue intacto, reciclando nombres, blindando cómplices y perfeccionando la impunidad.
Seguimos mirando al techo para no ver nuestra realidad nacional, esa que desgarra y aterra; niños huérfanos, familias destruidas por la insania del extorsionador, del........
