La verdad, no importa
El objeto de la razón humana, lo más sublime de la inteligencia, es encontrar la verdad. La verdad atrae, cautiva y, una vez encontrada, compromete. Quien conoce que dos más dos son cuatro ya no puede afirmar lo contrario. Su ser ha quedado comprometido con la verdad. Y, a decir de los clásicos griegos, la verdad es la realidad; es decir, no es lo que me parece, lo que percibo o lo que siento, sino lo que realmente son las cosas. Pero en nuestros días, inundados por un relativismo brutal, pareciera que la verdad ya no importa. La opinión se impone sobre la verdad, la narrativa sobre los hechos y la memoria sobre la historia. Más aún, vivimos tiempos en los que impera un planteamiento ideologizado de la vida que no busca alcanzar la verdad, sino imponer a los demás sus propias ideas. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué es........
