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Dos meses después

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11.10.2026

Estoy en Buenaventura visitando la Fundación Palenque Primo Hermano, una de esas escuelas musicales del Pacífico que hacen de este puerto no solo un lugar de paso de mercancías, sino también de sonidos, memoria y futuro. Los niños me reciben cantando: “Mi marimba no, ya no llora más, porque ya la tierra dejó de temblar... No llores, marimba, ya no llores más...”. Sus voces recogen un llamado al presente posterremoto. Mientras los escucho pienso que, más allá de las réplicas, en Buenaventura no ha dejado de temblar.

Tiembla la casa agrietada. Tiembla la madre que no sabe cuándo volverán plenamente al colegio sus hijos, que retomaron clases sin conectividad y sin espacios rehabilitados. Tiembla el joven que no encuentra futuro. Tiemblan el comercio y la hotelería por el poco turismo. Tiembla una ciudad que, antes del sismo, ya cargaba décadas de fragilidad y desigualdad.

Buenaventura ocupa casi el 30 % del territorio del Valle del Cauca y más del 50 % del comercio internacional del país, con más de quinientos mil habitantes. Es selva, mar, río, manglar........

© El Tiempo